Libro de Concordia
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La Fórmula de Concordia, Epítome Índice
La Fórmula de Concordia, Epítome

Primera Parte: Epítome

O compendio de los artículos en controversia entre los teólogos adherentes a la Confesión de Augsburgo. En la siguiente recapitulación, estos artículos son expuestos y concillados de una manera cristiana conforme a la guía de la palabra de Dios.

La Breve Regla y Norma

SEGÚN LA CUAL DEBEN JUZGARSE TODAS LAS DOCTRINAS, Y EXPLICARSE Y ARREGLARSE DE UNA MANERA CRISTIANA TODAS LAS ENSEÑANZAS ERRÓNEAS QUE HAN SURGIDO.

1. Creemos, enseñamos y confesamos que la única regla y norma según [1] la cual deben valorarse y juzgarse todas las doctrinas, juntamente con quienes las enseñan, es exclusivamente la Escritura profética y apostólica del Antiguo y del Nuevo Testamento, como está escrito en el Salmo 119:105: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino»; y como escribe el Apóstol San Pablo en Gálatas 1:8: «Aunque un ángel del cielo os anunciare otro evangelio, sea anatema».

Otros escritos empero de teólogos antiguos o modernos, sea cual fuere [2] el nombre que lleven, no deben considerarse iguales a la Sagrada Escritura, sino que todos ellos deben subordinarse a la misma, y no deben admitirse en otro carácter y alcance sino como testigos de ella, para demostrar de qué modo y en qué lugar fue conservada esta doctrina de los profetas y apóstoles en los tiempos postapostólicos.

2. Y puesto que1 inmediatamente después del tiempo de los apóstoles, [3] y aun en vida de ellos, surgieron falsos profetas y herejes, contra los cuales se redactaron en la iglesia cristiana primitiva ciertos símbolos,2 esto es, confesiones breves y categóricas3 que se consideraron como la unánime y universal fe y confesión cristiana de la iglesia ortodoxa y verdadera,4 prometemos ser fieles a estos símbolos, tales como el Credo Apostólico, el Credo Niceno, el Credo de Atanasio, y con ello rechazamos todas las herejías y doctrinas que, en oposición a ellos, se han introducido en la iglesia de Dios.

3. Pero en lo que respecta a cismas en materia de la fe que han ocurrido [4] en la actualidad, consideramos como consenso y declaración unánime de nuestra fe y confesión cristiana, especialmente en oposición al papado y su culto, idolatría y superstición, y en oposición a otras sectas,5 el símbolo redactado en época reciente,6 a saber; la primera e inalterada Confesión de Augsburgo, entregada a Carlos V con su Apología, y los Artículos compuestos en Esmalcalda en el año 1537,7 y suscriptos en aquel tiempo por los teólogos más eminentes.

[5] Y puesto que estas cuestiones atañen también a los laicos y a la salvación de su alma, aceptamos además como «Biblia de los laicos» el Catecismo Menor y el Mayor del Dr. Lutero, incluidos en las obras de éste, los cuales contienen en forma concisa todo lo que se trata más extensamente en la Sagrada Escritura, y que el cristianismo necesita saber para su salvación.

[6] A esta guía, como queda dicho, deben ajustarse todas las doctrinas, y lo que no esté en conformidad con ellas, debe rechazarse y condenarse como contrario a la declaración unánime de nuestra fe.

[7] De este modo se conserva la distinción entre la Sagrada Escritura del Antiguo y del Nuevo Testamento y cualesquiera otros escritos, y la Sagrada Escritura sola permanece el único juez, regla y norma según la cual, a manera de única piedra de toque,8 han de ser discernidas y juzgadas todas las doctrinas para determinar si son buenas o malas, verdaderas o falsas.

En cambio, los demás símbolos y escritos que acaban de mencionarse [8] no son jueces, como lo es la Sagrada Escritura, sino únicamente testimonios y declaraciones de la fe, para demostrar cómo en las distintas épocas la Sagrada Escritura ha sido entendida y explicada en los artículos en controversia en la iglesia de Dios por aquellos que vivían en ese tiempo, y cómo las doctrinas contrarias fueron rechazadas y condenadas.9

1. Nachdem. A. Götze, Glossar: dementsprechend dass = en razón de que; texto lat.: quia—por cuanto (así también en Concordia Triglotta: because).

2. Símbolos: Acerca del sentido de este término vid. sección siguiente, nota 7.

3. Runde = rotundas. A. Götze, Glossar: rund = schlüssing, bündig («concluyente»). Texto lat.: categoricae. Concordia Triglotta: Succint. Ed. Tappert: explicit. O. F. Stahlke, op. cit.: positive.

4. Der rechtgläubigen und wahrhaftigen. Texto lat.: orthodoxorum et verae ecclesiae.

5. Vid. Fórmula de Concordia, Decl. Sól., Breve Regla y Norma, secc. 5, nota 77.

6. Als dieser Zeit unserem Symbolo. Texto lat.: iudicamus unanimem consensumnostrae fideiesse nostri temporis Symbolum, AugustanamConfessionem. Cf. Breve Regla, secc. 8. Según David Hollaz (Examen Theologicum Acroamaticum, 54, cit. en Heinrich Schmidt, Die Dogmatik der evangelisch–lutherischen Kirche, 4° ed., Francfort–del Meno y Erlangen, 1858, p. 65), el término símbolo tiene, en la Fórmula de Concordia, el siguiente sentido: Sunt Confessiones publicae, nomine ecclesias ab orthodoxis viris de certis fidei articulis gravissimo consilio conscriptae ut membra ecclesiae ortodoxae ab infidelium ignorantia et hae- retica pravitate separentur et in consentiente fidei professione contineantur. («Son confesiones públicas acerca de ciertos artículos de fe [o: artículos de fe aprobados], compuestas en nombre de la iglesia y tras serias deliberaciones, por hombres de reconocida fidelidad a la correcta enseñanza bíblica, con el fin de apartar a los miembros de la iglesia ortodoxa ( = verdaderamente cristiana) de la ignorancia y depravación herética de los infieles, y mantenerlos en la unánime confesión de fe»). Cf. también E. F. K. Müller, Symbolik, p. 1 (sentido del término en la Simbólica); p. 26 (sentido más estricto); p. 28 (aplicación del término a las Confesiones Luteranas); p. 28, nota 8 (respecto del hecho de que la Fórmula de Concordia considera la Confesión de Augsburgo un símbolo de la cristiandad). Acerca de la ampliación y transformación conceptual del término «símbolo», y el sentido que la palabra tiene en la Fórmula de Concordia cf. también Ernst Wolf, Peregrinano, Studien zur reformatorischen Theologie und zum Kirchenproblem, Munich, 1954, p. 340 ss. En cuanto al sentido cristiano primitivo de confesión de fe o símbolo vid p.ej. el importante estudio «Das Bekenntnis im Urchristentum», de Hans Frhr, v. Campenhausen, en Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft, vol. 63, fasc. 3/4, 1972, pp. 210–253.

7. Sambt, i.e., además de la Confesión de Augsburgo, consideran también a la Apología de la CA y los Artículos de Esmalcalda como consenso y declaración unánimes de su fe y confesión cristiana.

8. Probierstein, texto lat.: Lydius lapis, jaspe granoso, generalmente negro, que emplean los plateros para toque (Dicc. Durvan de la Lengua Española). Respecto de la fórmula norma et regula cf. Martín Chemnitz, Examen Concilii Tridentini (ed. Preus, Berlín, 1861), p. 5, n° 4: Nequaquam, inquiunt, Scriptura sola regula et norma erit nostri judicii («De ninguna manera, dicen los padres tridentinos, la Escritura será la única regla y norma de nuestro juicio»). Ibidem, p. 7, n° 4: … ut Scriptura illa esset canon, norma et regula fidei in Ecclesia. En la misma página, n° 5, Chemnitz escribe que el colmo de los ultrajes inferidos por los papistas a la Escritura es que sacram Scripturam non esse canonem, normam, amussim seu regulam, ad quam omnia quae de rebus fidei disputantur, sint exigenda («que la Sagrada Escritura no es el canon, la norma, el nivel o la regia por la cual debe medirse todo cuanto se discute en materia de fe»).

9. Con respecto a las secciones VII y VIII cf. lo que dice Gerhard Ebeling acerca de la sola scriptura como principio hermenéutico: es un concepto excluyente, entendido, por lo tanto, no sólo como un retorno y una limitación a las fuentes de la Escritura, sino como exclusión de la función hermenéutica de la traducción. En otras palabras, la Escritura es la única fuente de interpretación de la Escritura. Wort Gottes und Tradition, Studien zu einer Hermeneutik der Konfessionen, vol. VII de Kirche und Konfession, ed de Heinrich Bornkamm, Joachim Lell, Walther v. Loewenich, Martin Schmidt, Robert Stupperich, Wolfgang Sucker, Göttingen, 1964, p. 119 ss.