Libro de Concordia
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El Catecismo Mayor Segunda Parte: El Credo Índice
El Catecismo Mayor
Segunda Parte: El Credo

Artículo Segundo

[25] «Y en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Pondo Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso, de donde ha de venir para juzgar a los vivos y a los muertos».

[26] Aquí aprendemos a conocer la segunda persona de la divinidad, para que veamos lo que, aparte de los bienes temporales antes enumerados, tenemos de Dios, esto es, cómo se ha derramado enteramente y no ha retenido nada que no nos diera. Muy rico y extenso es este artículo. Pero, a fin de tratarlo con brevedad y sencillez, tomaremos una sola frase y captaremos en ella la suma entera de este artículo, es decir, como ya se ha dicho, para que se aprenda cómo hemos sido redimidos. Serán estas palabras … «… En Jesucristo, nuestro Señor».

Si ahora se pregunta: ¿Qué crees tú en el segundo artículo sobre Jesucristo? [27] Responde muy brevemente: Creo que Jesucristo, verdadero Hijo de Dios ha llegado a ser mi Señor. ¿Y qué significa que ha llegado a ser tu Señor? Significa que me ha redimido del pecado, del diablo, de la muerte y de toda desdicha.

Porque antes yo no tenía ni señor, ni rey alguno, sino que estaba sujeto a la potestad del diablo, condenado a morir, retenido en los lazos del pecado y de la ceguedad.

En efecto, después de haber sido nosotros creados y una vez que habíamos [28] recibido diversos beneficios de Dios, el Padre, vino el diablo y nos llevó a desobedecer, al pecado, a la muerte y a todas las desdichas, de modo que nos quedamos bajo la ira de Dios y privados de su gracia, condenados a la perdición eterna, tal como nosotros mismos lo habíamos merecido en justo pago a nuestras obras. Y nos faltó todo consejo, auxilio y consuelo hasta que [29] el Hijo único y eterno de Dios se compadeció de nuestra calamidad y miseria con su insondable bondad y descendió de los cielos para socorremos. Y, [30] entonces, todos aquellos tiranos y carceleros fueron ahuyentados y en su lugar vino Jesucristo, un señor de vida y justicia, de todos los bienes y la salvación, y nos ha arrancado—pobres y perdidos hombres—de las fauces del infierno, nos ha liberado y devuelto a la clemencia y gracia del Padre, nos ha puesto bajo su tutela y amparo, como cosa suya, para gobernamos con su justicia, su sabiduría, su potestad, su vida y su bienaventuranza.

El compendio de este segundo artículo es, pues, que: La palabrita Señor [31] significa muy sencillamente, redentor, esto es, él nos ha conducido del diablo a Dios, de la muerte a la vida, del pecado a la justicia y nos mantiene en ello. Las demás partes que siguen en este artículo no hacen otra cosa, sino explicar y expresar tal redención, cómo y en virtud de qué medios fue realizada; lo que costó a Cristo150 y lo que él mismo hubo de poner a contribución; lo que tuvo que aventurar para conquistamos y ponernos bajo su señorío; o sea, se hizo hombre, fue concebido y nació del Espíritu Santo y la virgen sin pecado alguno, a fin de ser Señor del pecado; además, padeció, murió y fue sepultado, con el objeto de satisfacer por mí y pagar mi deuda no con oro o plata sino con su propia y preciosa sangre. Y sucedió todo esto para que él fuera mi Señor, pues no lo hizo para sí mismo, ni siquiera lo necesitaba. Después resucitó subyugando y devorando así a la muerte (Is. 25:8). Y, por último, subió a los cielos y ha tomado el poder a la diestra del Padre, de manera que tanto el diablo como todas las demás potencias tienen que someterse a él y estar por estrado de sus pies (Sal. 110:1), hasta que en definitiva en el día del juicio final nos separe completamente y nos aparte del mundo [32] malvado, del diablo, de la muerte y del pecado, etc. Pero explicar especialmente por separado cada una de las partes, no cabe dentro de los límites de esta breve predicación destinada a los niños, sino que corresponde a los sermones extensos que en el transcurso del año se predican y, en particular, en las épocas prescritas para esto, es decir, para exponer detenidamente cada parte: El nacimiento, la pasión, la resurrección, la ascensión de Cristo, etc. [33] Asimismo se basa todo el evangelio que predicamos en una recta comprensión de este artículo, ya que en él radica toda nuestra salvación y bienaventuranza,151 el cual es tan rico y extenso que siempre tendremos que aprender suficientemente de él.152

150. Was er daran gewendet und gewagt hat, lit. «lo que invirtió y arriesgó en ello».

151. Heil und Seligkeit. Obsopoeus: salutis et felicitatis … summa sita est («… está puesta la suma de la salvación y de la felicidad»). Cf. A. Götze, Glossar en «Seligkeit» (Glück). El término «bienaventuranza», además de designar la dicha eterna en los cielos, tiene también el sentido de «felicidad muy grande».

152. Literalmente: «Que siempre nos queda bastante que aprender de él».