X. Ceremonias Eclesiásticas que Comúnmente Son Llamadas Adiaforia o Cosas Indiferentes
[1] Entre algunos teólogos de la Confesión de Augsburgo se originó también una divergencia acerca de ceremonias y ritos eclesiásticos, que en la palabra de Dios no son ordenados ni prohibidos, sino que son introducidos en la iglesia con una buena intención, en bien del buen orden y decoro,334 o para [2] conservar la disciplina cristiana. La una parte335 sostenía que también en tiempos de persecución y en casos en que se debe hacer profesión de fe,336 aun cuando los enemigos del santo evangelio no se ponen de acuerdo con nosotros en materia de doctrina, se pueden no obstante restablecer, sin cargo de conciencia, ciertas ceremonias que cayeron en desuso y que en sí son cosas indiferentes, ni mandadas ni vedadas por Dios, si los adversarios insisten en ellas y si así se puede llegar a un buen acuerdo con ellos en cuanto a estas cosas indiferentes. La otra parte337 empero argumentaba que en tiempos de [3] persecución y en casos en que se debe hacer profesión de fe, de ninguna manera se puede proceder así sin cargo de conciencia y sin detrimento para la verdad divina, ni aun tratándose de cosas indiferentes, máxime si los adversarios tratan de reprimir, mediante violencia o compulsión o astucia, la sana doctrina para reintroducir paulatinamente su falsa doctrina en nuestra iglesia.338
Para aclarar esta controversia, y componerla por fin mediante la gracia [4] de Dios, damos al lector cristiano la siguiente sencilla información:
Si con el rótulo y bajo la apariencia de cosas exteriormente indiferentes [5] son presentadas cosas tales que en el fondo son contrarias a la palabra de Dios—pese al color diferente que se les dé—no se las debe considerar como cosas indiferentes, libradas al criterio individual, sino que deben ser evitadas como cosas prohibidas por Dios. Tampoco deben contarse entre las cosas indiferentes, genuinas y libres aquellas ceremonias que tienen la apariencia, o a las que se les da la apariencia, a fin de evitar persecuciones, como si nuestra religión no difiriese gran cosa de la de los papistas, o como si, a la postre, aquélla no fuese tan ofensiva para nosotros; o cuando tales ceremonias son interpretadas, reclamadas y entendidas en el sentido de que con ellas y mediante ellas, las dos iglesias contrarias339 hayan quedado reconciliadas y unidas en un solo cuerpo, o como si mediante ellas se efectuara, o gradualmente habría de efectuarse, un regreso hacia el papado o una desviación de la doctrina pura del evangelio y la religión verdadera, o cuando existe el peligro de que parezcamos haber regresado al papado y habernos desviado, o estar a punto de desviamos gradualmente, de la doctrina pura del evangelio.
En este caso es de suma importancia aplicar lo que dice San Pablo en 2 [6] Corintios 6:14, 17: «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión tiene la luz con las tinieblas? Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor».340
Del mismo modo, tampoco son genuinas cosas indiferentes aquellas que [7] no son sino ostentaciones vanas y necias que no aprovechan ni para el buen orden ni para la disciplina cristiana ni para el decoro evangélico en la iglesia.
En cambio, respecto de lo que son en verdad cosas indiferentes, como [8] las que fueron explicadas antes,341 nosotros creemos, enseñamos y confesamos que tales ceremonias no son en sí y de por sí un culto a Dios ni parte del mismo, sino que debe hacerse una clara distinción entre ellas y el verdadero culto a Dios, como se desprende de lo escrito en Mateo 15:9 (acerca de las tradiciones humanas): «En vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres».
[9] Creemos, enseñamos y confesamos también que (en materia de cosas indiferentes genuinas) la congregación de Dios tiene en todo lugar, en todo tiempo, y debido a la misma naturaleza de las circunstancias, el pleno derecho, poder y facultad de cambiarlas, disminuirlas (lat.: abrogarlas) y aumentarlas (lat.: instituirlas), por supuesto sin ligereza ni ofensa, sino ordenada y adecuadamente, tal como en cada caso parezca más útil, más provechoso y mejor para el buen orden, la disciplina cristiana, el decoro evangélico342 y la edificación de la iglesia. Cómo se puede además usar de consideración, en cuanto a cosas exteriormente indiferentes para con los débiles en la fe, y cederles con buena conciencia, lo enseña San Pablo en Romanos 14 y lo demuestra con su propio ejemplo (Hch. 16:3; 21:26; 1 Co. 9:19).343
[10] Creemos, enseñamos y confesamos además que en casos en que se debe hacer profesión de fe, a saber, cuando los enemigos de la palabra de Dios intentan reprimir la doctrina pura del santo evangelio, toda la congregación de Dios y cada cristiano en particular, y ante todo los ministros de la palabra como los administradores de la congregación de Dios,344 tienen el deber impuesto por la palabra divina de confesar públicamente, con palabras y con hechos, la doctrina y todo lo concerniente a la religión verdadera;345 y en tal caso no deben ceder a los adversarios ni aun en estas cosas indiferentes, ni tampoco deben tolerar que los enemigos de ella las impongan por la fuerza o con astucia en su afán de adulterar el verdadero culto a Dios e implantar y [11] confirmar la idolatría. Pues así está escrito en Gálatas 5:1: «Estad, pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud». Además se lee en Gálatas 2:4–5: «Y esto, a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, los cuales se entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a sometemos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros». En este pasaje San Pablo [12] habla de la circuncisión, que en aquel entonces había llegado a ser una cosa indiferente, no obligatoria (1 Co. 7:18–19), y que en otras oportunidades la usaba guiado por su libertad cristiana (Hch. 16:3). Pero como los falsos apóstoles, para confirmar su doctrina errónea, exigían la circuncisión y la empleaban abusivamente, como si las obras de la ley fuesen necesarias para la justificación y salvación, San Pablo declaró que no había cedido ni aun por un momento para que permaneciese la verdad del evangelio (Gá. 2:5).
Así, San Pablo cede a los débiles cuando se trata de ciertas comidas y [13] tiempos o días (Ro. 14:6). Pero a los falsos apóstoles, que querían imponer estas cosas sobre las conciencias como cosas necesarias—a éstos Pablo no está dispuesto a ceder ni aun en cosas que de por sí son indiferentes (Col. 2:16): «Nadie pues os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de reposo». Y cuando Pedro y Bernabé cedieron algo (más de lo debido) en un caso de éstos, Pablo los censura en presencia de todos como a hombres que en ese punto no andaban derechamente conforme a la verdad del evangelio (Gá. 2:14).
Pues aquí ya no se trata de cosas exteriormente indiferentes que según [14] su naturaleza y esencia son y permanecen de por sí asunto del criterio individual y que por ende no admiten mandato ni prohibición, sino que se trata en primer lugar del importantísimo artículo de nuestra fe cristiana, como lo atestigua el apóstol: «Para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros» (Gá. 2:5); y esta verdad es obscurecida y tergiversada mediante tal obligación o mandato, por cuanto en ese caso dichas cosas indiferentes son exigidas públicamente para confirmar la falsa doctrina, superstición e idolatría y para reprimir la doctrina pura y la libertad cristiana, o al menos son abusadas por los adversarios para tal fin y entendidas en este sentido.346
Además, se trata aquí también del artículo de la libertad cristiana, artículo [15] cuya fiel conservación el Espíritu Santo encarga a su iglesia tan encarecidamente por boca de su santo apóstol (Pablo), como acabamos de oír. Pues tan pronto como se debilita este artículo y se compele a la iglesia a la observancia de tradiciones humanas como si éstas fuesen imprescindibles, y como si su no observancia fuese una falta y un pecado, se está allanando el camino a la idolatría y de esa manera se multiplican después las tradiciones humanas y se las tiene por un culto a Dios, considerado no sólo igual, sino aun superior a los propios mandatos divinos.
[16] Sucederá también que cuando se cede y se busca acuerdo en cosas in diferentes sin haber llegado antes a una unificación cristiana en la doctrina, los idólatras se verán robustecidos en su idolatría, a los creyentes verdaderos en cambio se les dará ofensa, se les contristará y se les debilitará en su fe, cosas que todo cristiano está obligado a evitar, por amor de la salud y salvación de su alma; pues escrito está, en Mateo 18:7: «¡Ay del mundo por los tropiezos!» y en Mateo 18:6: «Cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar».
[17] Ante todo empero es de recordar lo que dice Cristo en Mateo 10:32: «A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos».
[18] Esto ha sido en todo tiempo y en todas partes la fe y confesión, respecto de tales cosas indiferentes, de los más eminentes teólogos de la Confesión de Augsburgo, en cuyas pisadas nosotros hemos entrado y en cuya confesión pensamos permanecer, mediante la gracia de Dios. De esta confesión dan cuenta los siguientes testimonios extraídos de los Artículos de Esmalcalda que fueron compuestos y firmados en el año 1537.
[19] Los Artículos de Esmalcalda («Sobre la iglesia») dicen347 al respecto lo siguiente: «No les concedemos que ellos sean la iglesia y tampoco lo son. Y no queremos oír lo que ellos mandan o prohíben bajo el nombre de la iglesia. Pues gracias a Dios, un niño de siete años sabe qué es la iglesia, es decir, los santos, los creyentes, y ‘el rebaño que escucha la voz de su Pastor’ (Jn. 10:3)». Y poco antes348 («De la Ordenación y Vocación»): «Si los obispos quisieran ser verdaderos obispos y tener preocupación por la iglesia y el evangelio, se podría permitir, en virtud del amor y de la unión pero no por necesidad, que ordenaran y confirmaran a nosotros y a nuestros predicadores, dejando, no obstante, todas las mascaradas y fantasmagorías349 cuya esencia y pompa350 no son cristianas. Pero como no son ni quieren ser verdaderos obispos, sino señores y príncipes mundanos que ni predican ni enseñan ni bautizan ni dan la comunión ni quieren realizar ninguna obra o función de la iglesia y, además, persiguen y condenan a aquellos que cumplen tal función en virtud de su llamado, la iglesia no debe quedar sin servidores por causa de ellos».
Y en el artículo cuatro los Artículos de Esmalcalda351 dicen: «Por lo [20] tanto, no podemos admitir como cabeza o señor en su gobierno a su apóstol, el papa o anticristo.352 Pues su gobierno papal consiste propiamente en mentiras y asesinatos, en corromper eternamente las almas y los cuerpos».
Y en el Tratado sobre el Poder y la Primacía del Papa,353 que figura [21] como apéndice de los Artículos de Esmalcalda, y que también fue firmado de propio puño y letra por los teólogos entonces presentes, aparecen estas palabras:354 «[Nadie debe] asumir señorío o autoridad sobre la iglesia, ni cargar a la iglesia con tradiciones, ni permitir que la autoridad de alguien valga más que la palabra».
Más adelante dice:355 «Ya que ésta es la situación, todos los cristianos [22] deben cuidarse de no llegar a ser partícipes de las impías doctrinas, blasfemias e injustas crueldades del papa. Antes bien, deben abandonar y detestar al papa y a sus adherentes como al reino del anticristo, tal como lo ordenó Cristo: ‘Guardaos de los falsos profetas’ (Mt. 7:15). Y Pablo manda que se debe evitar y abominar a los falsos predicadores como a cosa maldita (Tit. 3:10) y escribe en 2 Corintios 6:14: ‘No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas?’ Es un asunto serio [23] disentir del consenso de tantas naciones y ser llamados cismáticos. Pero la autoridad divina ordena a todos a no asociarse con la impiedad y la crueldad injusta».356
Referente a esa cuestión, también el Dr. Lutero instruyó a la iglesia [24] ampliamente en un tratado especial357 acerca de lo que debe opinarse en materia de ceremonias en general y cosas indiferentes en particular, como ya lo hiciera en 1530.358
[25] Dadas todas estas explicaciones, cualquiera puede entender cuál es la conducta que, sin perjuicio para la conciencia, deben seguir en cosas indiferentes la congregación cristiana, el creyente individual, y ante todo el ministro de la iglesia, especialmente en tiempos que exigen una profesión de fe, para no provocar a Dios, no atentar contra el amor, no apoyar a los enemigos de la palabra de Dios ni dar escándalo a los débiles en la fe.
[26] 1. Por lo tanto, rechazamos y condenamos los siguientes errores: Cuando tradiciones humanas en sí y como tales son consideradas un culto a Dios o parte del mismo.
[27] 2. Cuando tales tradiciones se imponen como necesarias, y por la fuerza, a la congregación de Dios.
[28] 3. Rechazamos y condenamos como falsa la opinión de quienes sostienen que en tiempos de persecución se puede ceder en cosas indiferentes a los enemigos del santo evangelio, o hacer un acuerdo con ellos; pues esto va en detrimento de la verdad.
[29] 4. También lo consideramos un pecado punible cuando en tiempos de persecución se actúa contrariamente a la confesión cristiana, sea en cosas indiferentes o en la doctrina o en cualquier otra cosa relativa a la religión, por causa de los enemigos del evangelio.
[30] 5. Rechazamos y condenamos también la abolición de tales cosas indiferentes, como si la congregación de Dios no tuviese plena autoridad de usar, en libertad cristiana, una o varias de estas cosas, en todo tiempo y lugar, según las circunstancias imperantes, y para el mayor provecho de la iglesia.
[31] Por ende, las iglesias no se condenarán mutuamente por la diversidad de ceremonias cuando, en uso de su libertad cristiana, una iglesia tiene más de estas ceremonias que otra, o menos, si por lo demás concuerdan en la doctrina y en todos los artículos de la misma, así como también en el uso correcto de los santos sacramentos. Pues aquí rige el dicho bien conocido: «La discordancia en el ayuno no destruye la concordancia en la fe».359
334. El término Wohlstand del original equivale a Wohlanständigkeit, «decoro», en el alemán de hoy día. El texto latino traduce con el término griego eutaxia.
335. Felipe Melanchton, Juan Bugenhagen, Jorge Maior y otros.
336. Im Fall der Bekenntnus. La traducción latina es más explícita: quando confessio fìdei edenda est («cuando se tiene que hacer confesión de fe»). Expresión análoga es la de la secc. 10 de este capítulo: zur Zeit der Bekanntnus («en tiempos en que hay que hacer confesión de fe»). Cf. Epítome X, 11, nota 61.
337. Matías Flacius Illyricus, Nicolaus Gallus, Hesshusius, Juan Wigand y otros.
338. En el original: unsere Kirche (singular). Texto lat.: ecclesias nostras (plural).
339. Vid. BSLK, p. 1055, aparato crítico.
340. 1 Co. 6:14–17. Traducción del texto tal cual figura en la version latina.
341. Matías Falcius Illyricus cita (Von wahren und falschen Mitteldingen, cf. BSLK, p. 1056, nota 2) como «cosas intermedias» las siguientes: a) públicas, en la iglesia: himnos, cánticos, lecciones, personas, local, tiempo, vestimenta, toque de campanas; b) particulares: ayuno, oraciones en horas fijas, abstención temporaria de relaciones conyugales y de manjares exquisitos, austeridad en el comer en beneficio de la oración o de otro ejercicio cristiano.
342. En el original: evangelischer Wohlstand. Vid. Nota 334 in Decl. Sól., X, 1. Texto lat.: ad eutaxian evangelica professione dignam («para el decoro digno de quienes profesan su fidelidad al evangelio»).
343. BSLK y ed. Tappert indican, erróneamente, 1 Co. 9:10.
344. En el originai: als die Vohrsteher der Gemeinde Gottes. Vorsteher = el que está al frente de … , el que dirige. Texto lat.: tanquam ii, quos Dominus ecclesiae suae regendae praefecit («como aquellos a quienes Dios puso al frente de su iglesia para regirla»).
345. Was zur ganzen Religion gehöret, literalmente: «lo que concierne a la religion en su totalidad». Texto lat.: ad sinceram religionem, i.e., religión íntegra, pura, genuina.
346. Texto lat.: ita ab ipsis recipiuntur et in hunc abusum et pravum finem, restituta credentur («así son recibidos [aceptados] por ellos, y se cree que fueron restaurados para tal abuso y finalidad depravada»).
347. Art. de Esmalcalda, Parte III, Artículo XII, 1, 2.
348. Art. de Esmalcalda, Parte III, Artículo X, 1, 2.
349. En el original: unchristliches Lesens, corregido en Wesens en al aparato crítico de BSLK, p. 1060. Según A. Götze, Glossar, «lesen» es «lectura», y también «historia».
350. Geprängs en el original. A. Götze, Glossar: «geprenge», ceremonial.
351. Cf. Art. de Esmalcalda, Parte II, Artículo IV, 14.
352. En el original Antechrist. Trad, lat.: Antichristum. Lutero escribió Endechrist o Endchrist, «Cristo del final». Cf. Ph. Dietz, «Wörterbuch zu Dr. Martin Luthers Deutschen Schriften»: Endchrist = der am ende des erlösungszeitalters, vor der Wiederkunft christi auftretende mensch der sünde (2 Ts. 2:3–10) («el hombre del pecado [2 Ts. 2:3–10] que aparecerá al final de la era de la redención, antes de la segunda venida de Cristo»). Vid. Art. de Esmalcalda, Parte II, Artículo IV, 10.
353. Tratado sobre el poder y la primacía del papa.
354. Tratado … , 11.
355. Tratado … , 41, 42.
356. Traducción de la traducción alemana.
357. Ein Bericht an einen guten Freund von beider Gestalt des Sakraments aufs Bischofs zu Meissen Mandat, 1528 («Informe a un buen amigo acerca del sacramento con ambas especies, por mandato del obispo de Meissen»). WA XXVI, 560–618.
358. Cartas enviadas por Lutero a Augsburgo, desde junio de 1530 hasta septiembre del mismo año.
359. Cf. Ireneo contra Víctor, Eusebio, Historia Eclesiástica, V, 24, 13.