Libro de Concordia
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Los Artículos de Esmalcalda Segunda Parte Índice
Los Artículos de Esmalcalda
Segunda Parte

Artículo Cuarto

Que el papa no es de jure divino, es decir, en virtud de la palabra de [1] Dios,55 la cabeza de toda la cristiandad (porque esto le corresponde solamente a Jesucristo), sino sólo el obispo o el pastor de la iglesia de [la ciudad] Roma y de todas aquellas que voluntariamente o por obediencia a una institución humana (esto es la autoridad secular56) se han supeditado a él, no bajo él como un señor, sino junto a él, hermanos y colegas, como cristianos, como [2] lo demuestran los antiguos concilios y los tiempos de San Cipriano.57 No obstante, ningún obispo, ni siquiera un rey o emperador se atreven a llamar al papa «hermano», como en aquellos tiempos, sino que tiene que nombrarlo «muy clementísimo señor». Esto no lo queremos, no lo debemos y no lo podemos admitir en nuestra conciencia. El que lo quiera hacer, que lo haga sin nosotros.

[3] De aquí se deduce que todo lo que el papa ha realizado y emprendido basándose en tal falso, perverso, blasfémico, usurpado poder, no ha sido ni tampoco hoy día más que cosas y negocios diabólicos (salvo en lo que concierne al poder secular, donde Dios se sirve de un tirano o de un malvado para hacer el bien a un pueblo) para perdición de toda la santa iglesia cristiana (en cuanto de él depende) y para destruir este primer artículo principal de la redención por Jesucristo.

[4] En efecto, todas sus bulas y libros están ahí, en los que semejante a un león, ruge (como lo representa el ángel del capítulo 12 del Apocalipsis58) que ningún cristiano puede ser salvo, si no es obediente y se somete a él en todas las cosas, en lo que quiera, en lo que diga, en lo que haga.59 Esto equivale a decir: «Aunque creas en Cristo y tengas todo en él cuanto es necesario para la salvación, será en vano todo y de nada te ha de valer, si no me consideras como a tu Dios y no te sometes y me obedeces». Sin embargo es manifiesto que la santa iglesia estuvo sin papa por lo menos quinientos años60 y hasta hoy la iglesia griega y muchas otras iglesias que hablan otros idiomas no han [5] estado nunca ni están bajo el dominio del papa. Esto, como se ha dicho a menudo, es una invención humana que no está basada sobre ningún mandamiento, es innecesaria y vana, pues la santa iglesia cristiana puede permanecer bien sin tal cabeza e incluso habría permanecido mejor, si tal cabeza no se le hubiese agregado por el diablo. Además, el papado no es ninguna [6] cosa útil en la iglesia, ya que no ejerce ninguna función61 cristiana. Por consiguiente, la iglesia debe permanecer y subsistir sin el papa.

Pongo el caso de que el papa renunciase a ser el jefe supremo por derecho [7] divino o por mandato de Dios y que, en cambio para poder mantener mejor la unidad de la iglesia contra las sectas y las herejías, se debiese tener una cabeza, a la cual se atuviesen todos los demás. Tal cabeza sería, entonces, elegida por los hombres y estaría en la elección y el poder humano modificar o destituir tal cabeza, como lo ha hecho exactamente en Constanza el concilio con los papas; destituyeron tres y eligieron un cuarto.62 Pongo el caso, pues que el papa y la sede de Roma consintiesen y aceptasen tales cosas, lo cual es imposible, porque tendría que permitir que se cambiara y destruyera todo su gobierno y estado con todos sus derechos y libros. En resumen, no puede hacerlo. Sin embargo, con ello, no se ayudaría en nada a la cristiandad y surgirían más sectas que antes. En efecto, puesto que no se tendría que estar [8] sometido a una tal cabeza por orden de Dios, sino por la buena voluntad humana, sería pronto y fácilmente despreciada y finalmente no podría retener a ningún miembro [bajo su dominación]. No debería estar en Roma o en otro lugar determinado,63 sino donde y en qué iglesia Dios hubiera dado un hombre tal que fuese capacitado para ello. ¡Oh, qué estado de complicación y desorden tendría que surgir!

Por lo tanto, la iglesia nunca puede estar mejor gobernada y mejor conservada [9] que cuando todos nosotros vivimos bajo una cabeza que es Cristo, y los obispos, todos iguales en cuanto a su función64 (aunque desiguales en cuanto a sus dones65) se mantienen unánimes en cuanto a la doctrina, fe, sacramentos, oraciones y obras del amor, etc. De este modo escribe San Jerónimo66 que los sacerdotes de Alejandría gobernaban en conjunto y en común las iglesias, como los apóstoles lo habían hecho también y después todos los obispos en la cristiandad entera, hasta que el papa elevó su cabeza por encima de todos.

Este hecho demuestra evidentemente que el papa es el verdadero Anticristo, [10]67 que se ha colocado encima de Cristo y contra él, puesto que no quiere que los cristianos lleguen a ser salvados sin su poder, a pesar de que [11] no vale nada, porque no ha sido ordenado ni mandado por Dios. Esto propiamente, como dice San Pablo, «se opone y se levanta contra Dios» (2 Ts. 2:4). Los turcos y los tártaros no actúan así, aunque sean muy enemigos de los cristianos; al contrarío, dejan creer en Cristo al que quiera y no exigen de [12] los cristianos sino el tributo y la obediencia corporales. Pero el papa no quiere dejar creer [en Cristo], sino que se le debe obedecer para ser salvo. [13] Eso no lo haremos, antes moriremos en el nombre de Dios. Todo esto viene porque el papa ha exigido ser llamado de jure divino jefe de la iglesia cristiana. Por eso se tuvo que colocar a la par de Cristo y sobre Cristo, y ensalzarse como la cabeza y después como el señor de la iglesia y finalmente también de todo el mundo y directamente un Dios terrenal,68 hasta atreverse a dar órdenes a los ángeles en el reino de los cielos.69

[14] Y cuando se establece una distinción entre la doctrina del papa y la Sagrada Escritura o cuando se les confronta y se les compara, se encuentra que la doctrina del papa en su mejor parte está tomada del derecho imperial pagano,70 y enseña negocios y juicios mundanos, como lo atestiguan sus decretales.71 Trata en seguida [la doctrina papal] de las ceremonias eclesiásticas, de las vestiduras, de los alimentos, de las personas y similares juegos pueriles, obras carnavalescas y necias, sin medida alguna, pero, en todas estas cosas, nada de Cristo, de la fe y de los mandamientos de Dios.

Al fin y al cabo nadie sino el mismo diablo es quien con engaño de las misas, el purgatorio, la vida conventual, realiza su propia obra y su propio culto (lo que es, en efecto, el verdadero papado), sobreponiéndose y oponiéndose a Dios, condenando, matando, y atormentando a todos los cristianos que no ensalzan y honran sobre todas las cosas tales horrores suyos. Por lo tanto, así como no podemos adorar al diablo mismo como un señor o un Dios, tampoco podemos admitir como cabeza o señor en su gobierno a su apóstol, el papa o Anticristo. Pues su gobierno papal consiste propiamente en mentiras y asesinatos, en corromper eternamente las almas y los cuerpos, como ya he demostrado esto en muchos libros.

En estos cuatro capítulos tendrán [los papistas] bastante materia para [15] condenar en el concilio, ya que no pueden ni quieren concedemos ni un ápice en los mismos. De esto debemos estar seguros y abrigar la esperanza de que Cristo, nuestro Señor, haya de atacar a sus adversarios y se impondrá por medio de su espíritu como por medio de su venida.72 Amén.

En el concilio no estaremos delante del emperador o de una autoridad [16] secular (como en Augsburgo, donde el emperador73 publicó un manifiesto tan clemente y con bondad permitió examinar las cosas). Al contrario, estaremos en presencia del papa y del diablo mismo, que sin querer escuchar nada, va a querer sin vacilación alguna condenar, asesinar, y obligar a la idolatría. Por lo tanto, no besaremos aquí74 sus pies o diremos: «Sois nuestro clemente señor», sino que igual que en Zacarías (Zac. 3:2) el ángel dice al diablo: «Jehová te reprenda, oh Satanás».75

55. Para Lutero sólo se podía considerar «de jure divino» la Escritura o lo que se basara directamente en ella. Cf. WA II, pág. 279: «Sacra Scriptura, quae est proprie jus divinum».

56. Se refiere aquí al poder patrimonial que tiene el papa (Patrimonium Petri).

57. Lutero piensa en los concilios de Nicea, Constantinopla, Éfeso y Calcedonia.

58. Lutero entrega una cita errónea. Habla del capítulo 12 de Apocalipsis, mientras que se refiere al contenido del versículo 3 del capítulo 10 del mismo libro.

59. Cf. la bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII: Porro subesse Romano pontifici omni humarme creaturae declaramus, dicimus, diffinimus et pronunciamus omnino esse de necessitate salutis. (Además declaramos, decimos, definimos y promulgamos que a toda criatura humana le es absolutamente necesario para la salvación sujetarse al pontífice romano).

60. Lutero considera como último obispo romano a Gregorio I (590–604). A Sabiniano (604–606) y a Bonifacio III (607) los llamaba los primeros papas.

61. En el original: christlich Ampt.

62. Juan XXIII fue destituido en la 12a sesión, el 29 de mayo de 1415; Benedicto XIII, en la 37a sesión, el 20 de julio de 1417; Gregorio XII renunció voluntariamente el 4 de julio de 1415. Martín V fue elegido el 11 de noviembre de 1417.

63. Los papas residieron en Aviñón entre 1309 y 1377 en forma permanente.

64. En el original: Ampt.

65. Cf. 1 Co. 12:4 y 8–10. Ro. 12:6–8.

66. Lutero aquí cita de memoria dos pasajes juntos de Jerónimo,que menciona a menudo. Se trata de Commentarius en Epist. ad Titum I, 5 y sigtes. (MSL XXVI, 562; Decr. Grat. P. ID. 95 c. 5). Pero allí no se menciona a Alejandría: Sino se dice solamente: «Las iglesias eran gobernadas por un concilio común de los obispos». (… communi presbyterorum consilio ecclesiae gubernabantur). El pasaje de Jerónimo es Epist. 146 ad Euangelum presbyterum (MSL XXII 1194; CSEL LVI 310; Decr. Grat. P. ID. 93 c. 24) en la que se menciona a Alejandría. Esta última carta fue publicada por Lutero en 1538 (WA L 339–343).

67. En el original Endechrist, es decir «el Cristo del fin». Es una expresión usual en los textos alemanes de la Edad Media que apunta a la aparición del Anticristo en el fin del mundo. En 1522, en sus Adventspostille (WA X, 1, pág. 47) rechaza esta etimología popular y para mayor claridad substituye el término Endechrist por Widerchrist, que indica más directamente Anticristo.

68. En otra parte se expresa Lutero en forma semejante: Er ist, wie die Juristen sagen, ein irdischer Gott (WA LIV, pág. 227). (Es, como los juristas dicen, un dios terrenal.)

69. Alusión a la bula probablemente no auténtica del papa Clemente VI: Ad Memoriam reducendo, del 27 de junio de 1346, en la que, debido al año 1350 de jubileo, el papa habría ordenado a los ángeles «conducir al cielo el alma de los peregrinos que llegaran a morir en su viaje a Roma».

70. Es decir, el derecho romano.

71. Se refiere a los edictos y decisiones papales en forma de cartas.

72. Cf. 2 Ts. 2:8.

73. Se refiere a la Dieta de Augsburgo y a la convocación de Carlos V del 21 de enero de 1530.

74. La adoratio mediante la prostemación y el beso de los pies es solamente atribuible al papa. Aún se observa hoy en la elección de un nuevo papa. En 1520 escribe Lutero: Es ist ein unchristlich, ja endchristlich Exempel, dass ein armer, sundiger Mensch ihm lässit seine Fuss kussen von dem, der hundertmal beser ist denn er (WA VI, pág. 435). (Es un ejemplo no cristiano, incluso anticristiano, que un pobre hombre pecador se deje besar sus pies por alguien que es cien veces mejor que él mismo.)

75. Originariamente Lutero agregó: Pfui dein mal an, expresión típica que significaría: ¡avergüénzate!