Libro de Concordia
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La Confesión de Augsburgo Artículos Principales de Fe Índice
La Confesión de Augsburgo
Artículos Principales de Fe

Artículo XVI El Estado y el Gobierno CIVIL

[1] Respecto al estado y al gobierno civil se enseña que toda autoridad en el mundo, todo gobierno ordenado y las leyes fueron creados e instituidos [2] por Dios para el buen orden. Se enseña que los cristianos, sin incurrir en pecado, pueden tomar parte en el gobierno y en el oficio de príncipes y jueces; asimismo, decidir y sentenciar según las leyes imperiales y otras leyes vigentes, castigar con la espada a los malhechores, tomar parte en guerras justas, prestar servicio militar, comprar y vender, prestar juramento cuando se exija, tener propiedad, contraer matrimonio, etc.

[3] Al respecto se condena a los anabaptistas, que enseñan que ninguna de las cosas susodichas es cristiana.36

[4] Se condena también a aquellos que enseñan que la perfección cristiana consiste en abandonar corporalmente casa y hogar, esposa e hijos y prescindir de las cosas ya mencionadas.37 Al contrario, la verdadera perfección consiste sólo en genuino temor de Dios y auténtica fe en él. El evangelio no enseña una justicia externa ni temporal, sino un ser y.justicia interiores y eternos del corazón. El evangelio no destruye el gobierno secular, el estado y el matrimonio. [5] Al contrario, su intento es que todo esto se considere como verdadero orden divino y que cada uno, de acuerdo con su vocación, manifieste en estos estados el amor cristiano y verdaderas obras buenas. Por consiguiente, los [6] cristianos están obligados a someterse a la autoridad civil y obedecer sus mandamientos y leyes en todo lo que pueda hacerse sin pecado. Pero si el [7] mandato de la autoridad civil no puede acatarse sin pecado, se debe obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch. 5:29).

36. Entre los anabaptistas había, de hecho, diferencias de opinión respecto al estado, el matrimonio, el comercio, etc., pero algunos de ellos sí adoptaron la postura negativa que aquí se describe.

37. El monasticismo, y también algunos anabaptistas, encarnaron esta idea de la perfección cristiana. Vid. también el Artículo XXVII abajo.