Libro de Concordia
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La Fórmula de Concordia, Epítome Índice
La Fórmula de Concordia, Epítome

I. El Pecado Original

EL ASUNTO EN CONTROVERSIA

El asunto principal en esta controversia es: Si el pecado original es [1] esencialmente y sin distinción alguna la naturaleza, substancia y esencia del hombre, o antes bien la parte principal y mejor de su esencia, esto es, el alma racional misma en su más elevado estado y facultades; o si, aun después de la caída, hay alguna distinción entre la substancia, naturaleza, esencia, cuerpo y alma humanos por una parte, y el pecado original por la otra, de modo que la naturaleza humana misma sea una cosa, y otra cosa diferente el pecado original, que se adhiere a la naturaleza humana y la corrompe.

AFIRMATIVA10

La doctrina, fe y confesión pura según la norma ya mencionada y la declaración breve

1. Creemos, enseñamos y confesamos que hay una distinción entre la [2] naturaleza del hombre, no sólo según fue creado originalmente por Dios, es decir, puro y santo y sin pecado, sino también según tenemos esa naturaleza en la actualidad, después de la caída; o sea, entre la naturaleza misma que aun después de la caída es y permanece criatura de Dios, y el pecado original; y que esta distinción es tan grande como la que existe entre una obra de Dios y una obra del diablo.

[3] 2. Creemos, enseñamos y confesamos además que esta distinción debe mantenerse con el mayor cuidado, porque la doctrina que insiste en negar la distinción entre nuestra corrupta naturaleza humana y el pecado original está en pugna con los artículos principales de nuestra fe cristiana respecto de la creación, la redención, la santificación y la resurrección de la carne, y por ende no puede coexistir con ellos.

[4] Pues Dios creó no sólo el cuerpo y el alma de Adán y Eva antes de la caída, sino también el cuerpo y el alma nuestros después de la caída; y a pesar de que son corruptos, Dios los reconoce como obra suya, como está escrito en Job 10:8: «Tus manos me hicieron y me formaron». (Dt. 32:6; Is. 45:9; 54:5; 64:8; Hch. 17:25–28; Sal. 100:3; 139:14; Ec. 12:1.)

[5] Además, el Hijo de Dios ha asumido en la unidad de su persona esta naturaleza humana, pero sin pecado; no ha asumido una carne extraña, sino nuestra propia carne, y a causa de ello se ha hecho nuestro verdadero hermano, en Hebreos 2:14: «Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo»; y en Hebreos 2:16–17 y 4:15 se nos dice: «Ciertamente no socorrió a los ángeles, sino a la simiente de Abraham socorrió. Por lo cual, debía ser en todo semejante a los hermanos … pero sin [6] pecado».11 De igual modo, Cristo también ha redimido nuestra carne como obra suya, la santifica como obra suya, la resucita de entre los muertos y la ensalza gloriosamente como obra suya. El pecado original en cambio no lo ha creado ni asumido ni redimido ni santificado; ni tampoco lo resucitará ni lo ensalzará ni lo salvará en los escogidos, sino que en la gloriosa resurrección será destruido por completo.

[7] De modo que se puede discernir fácilmente la distinción entre la naturaleza corrupta y la corrupción que infecta a la naturaleza y por la cual la naturaleza se tornó corrupta.

[8] 3. Por otra parte empero creemos, enseñamos y confesamos que el pecado original no es una corrupción superficial, sino tan profunda de la naturaleza humana que nada saludable e incorrupto ha quedado en el cuerpo o alma del hombre, en sus facultades interiores o exteriores, sino según lo expresa la iglesia en uno de sus himnos:

[9] «Por la caída de Adán quedó enteramente corrupta la naturaleza y esencia humana».12

[10] Este daño es indecible y no puede entenderse por medio de la razón humana, sino únicamente por medio de la palabra de Dios; por lo que sostenemos que nadie sino sólo Dios puede separar la naturaleza humana de la corrupción inherente en ella. Esto se realizará por completo mediante la muerte, en la gloriosa resurrección. En esta ocasión la naturaleza que llevamos ahora resucitará y vivirá eternamente sin el pecado original y totalmente separada de él, como se nos dice en Job 19:26–27: «Seré vestido de esta mi piel, y en mi carne he de ver a Dios; a quien yo tengo de ver por mí mismo, y mis ojos lo verán».13

NEGATIVA14

Rechazamiento de las doctrinas falsas

1. Por lo tanto rechazamos y condenamos la doctrina de que el pecado [11] original es sólo una deuda en que ha incurrido otro,15 y que nos ha sido legada sin causar ninguna corrupción en nuestra naturaleza.

2. Rechazamos asimismo que los malos deseos no son pecado, sino [12] propiedades concreadas y esenciales de la naturaleza, o que el antedicho defecto o daño no es realmente un pecado que somete a la ira divina al hombre no implantado en Cristo.

3. Igualmente rechazamos el error pelagiano de alegar que la naturaleza [13] del hombre aun después de la caída es incorrupta, y que ha permanecido enteramente buena e incólume en el ejercicio de sus facultades naturales, particularmente en lo que concierne a asuntos espirituales.

4. Rechazamos además que el pecado original es sólo una leve e insignificante [14] mancha exterior, salpicada o soplada sobre la naturaleza, y que debajo de esa mancha la naturaleza ha mantenido sus buenas facultades aun en asuntos espirituales.

5. Asimismo, que el pecado original es sólo un impedimento exterior a [15] las buenas facultades espirituales, y no una privación o carencia de las mismas; que es como el efecto que el jugo de ajo tiene en el imán, que no le hace perder su poder natural, sino que solamente lo neutraliza;16 o que la mancha del pecado puede ser borrada con la misma facilidad con que se borra una mancha en la cara o un borrón en la pared.17

[16] 6. Asimismo, que la naturaleza y esencia humanas no son enteramente corruptas, sino que el hombre todavía tiene en sí algo de bueno aun en asuntos espirituales, a saber, capacidad, destreza, aptitud o habilidad en asuntos espirituales, para empezar, realizar o ayudar a realizar algo bueno.

[17] 7. Por otra parte rechazamos también la doctrina falsa de los maniqueos, quienes enseñan que el pecado original ha sido infundido por Satanás en la naturaleza humana como algo esencial y substancial, y mezclado con ella así como se mezclan el veneno y el vino.

[18] 8. Asimismo, que no es el hombre natural el que peca, sino otra cosa, extraña al hombre, por lo que no es acusable la naturaleza humana, sino el pecado original que existe en esta naturaleza.

[19] 9. También rechazamos y condenamos como error maniqueo la falsa doctrina de que el pecado original es esencialmente y sin distinción alguna la substancia, naturaleza y esencia misma del hombre corrupto, de modo que ni siquiera puede concebirse una distinción entre la naturaleza humana corrupta tal como es después de la caída, y el pecado original, ni separar aquélla de éste aunque sea en pensamientos.

[20] 10. La verdad es que el Dr. Lutero llama el pecado original «pecado natural, pecado personal, pecado esencial», pero no porque la naturaleza, persona y esencia del hombre sean de por sí mismas, sin distinción alguna, pecado original, sino a fin de indicar mediante estas palabras la distinción que existe entre el pecado original, inherente en la naturaleza humana, y otros pecados que se llaman pecados actuales (o de comisión).

[21] 11. Pues el pecado original no es pecado que se comete, sino que es inherente en la naturaleza, substancia y esencia del hombre, de modo que si fuese posible que del corazón del hombre corrupto no surgiese jamás un pensamiento malo, que el hombre jamás pronunciase una palabra frívola o hiciese una obra impía, sin embargo, su naturaleza es corrupta por causa del pecado original que es innato en nosotros debido a la simiente pecaminosa, y es la fuente de todos los demás pecados actuales, tales como los malos pensamientos, palabras y obras, como está escrito en Mateo 15:19: «Del corazón salen los malos pensamientos», y también en Génesis 6:5; 8:21: «El intento del corazón del hombre es malo desde su juventud».

[22] 12. También conviene observar cuidadosamente los diversos significados de la palabra naturaleza, con los cuales los maniqueos encubren su error y engañan a mucha gente simple. Pues a veces significa la esencia misma del hombre, como cuando se dice: «Dios creó la naturaleza del hombre». Pero otras veces significa la disposición y la cualidad viciosa de una cosa, que es inherente en la naturaleza o esencia, como cuando se dice: La naturaleza de la serpiente es morder, y la naturaleza y disposición del hombre es pecar, y es pecado. En ese sentido, la palabra naturaleza no significa la substancia del hombre, sino algo que es inherente en su naturaleza o esencia.

13. Pero en lo que se refiere a los vocablos latinos substantia y accidens, [23] ya que no son términos bíblicos y además son desconocidos para el hombre común, no deben usarse en sermones destinados a oyentes sencillos e indoctos, pues se debe tomar en consideración el entendimiento de estas personas.

Pero en las altas escuelas, entre los doctos, deben seguir en uso estos [24] vocablos en las discusiones sobre el pecado original, porque son términos bien conocidos e inequívocos para expresar con exactitud la diferencia que existe entre la esencia de una cosa y lo que es adherente a ella de una manera accidental.

Pues de este modo se puede explicar con la mayor claridad la distinción [25] que existe entre la obra de Dios y la del diablo, porque el diablo no puede crear ninguna substancia, sino que sólo puede, de una manera accidental y si Dios se lo permite, corromper la substancia creada por Dios.

10. Título usado en el texto alemán (= tesis afirmativas).

11. He. 2:14, 16–17. Las palabras «pero sin pecado» no van incluidas entre las comillas en el texto original. Tampoco pertenecen al capítulo citado, sino que se encuentran en He. 4:15.

12. En el original: Durch Adams Fall ist ganz verderbet menschlich Natur und Wesen, comienzo de un himno de Lazarus Spengler.

13. Job 19:26, 27. Tradujimos el texto que figura en el original alemán, y que sigue una tradición antigua que ya aparece en la Primera Carta de Clemente y en Origines, y que adquirió carácter de clásica gracias a la traducción de Jerónimo. El original hebreo del pasaje en cuestión sufrió deterioros, y las interpretaciones varían considerablemente. Comp. p. ej. la traducción de M. Dahood, afamado conocedor de la literatura ugarítica, para el cual texto habla de la resurrección (Psalms, vol. II, Garden City, Nueva York, 1968, p. 196) con la traducción de Günter Stemberger, que entiende que en el texto no se trata de la resurrección de Job («Das Problem der Auferstehung im Alten Testament, en Kairos, Zeitschrift für Religionswissenschaft und Theologie») serie nueva, vol. XIV, fasc. cuarto de 1972, p. 282).

14. Así figura en el original alemán (= antítesis).

15. Reatus oder Schuld von wegen frembder Verwirkung. Sobre reatus vid. Apología, II, 35, nota 26. Respecto de Verwirkung vid. A. Götze, Glossar, donde se registra el verbo verwirken con el sentido de verschulden = hacerse culpable de, ser causa o motivo de, ser el causante de, causar, acarrear. Texto lat. : reatum et debitum esse ex alieno delicto.

16. Vid. Decl. Sól. I, 22, nota 96.

17. Cf. WA XLI 445, 25 y sigtes.