Libro de Concordia
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El Catecismo Mayor

Cuarta Parte: El Bautismo

[1] Hemos expuesto ahora los tres puntos principales201 de la doctrina cristiana general. Fuera de esto hay que hablar de nuestros dos sacramentos instituidos por Cristo. Todo cristiano recibirá, cuanto menos, una enseñanza breve y general sobre los mismos, ya que no es posible llamarse y ser cristiano sin ellos, aunque, por desgracia, hasta hoy nada se ha enseñado sobre esto. [2] Trataremos en primer lugar el bautismo, por medio del cual somos recibidos en la cristiandad. Para que se pueda comprender rectamente el mismo, lo expondremos por partes y deteniéndonos únicamente en aquello que es imprescindible conocer. En efecto, dejaremos a los sabios el cuidado de saber cómo se debe preservar y defender estas cosas contra los heréticos y sectarios.

[3] En primer lugar, es preciso conocer ante todo las palabras, sobre las cuales el bautismo se funda y con las que se relaciona todo lo que hay que decir acerca del mismo, esto es, que el Señor Cristo dice en el último capítulo de Mateo:

«Id a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del [4] Hijo, y del Espíritu Santo».202

También en el último capítulo de Marcos:

«El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas, el que no creyere [5] será condenado» (Mr. 16:16).

Debes tener en cuenta primeramente que en estas palabras están contenidos [6] el mandato y la institución de Dios y que, por consecuencia, no ha de dudarse de que el bautismo es una cosa divina, no imaginada, ni inventada por los hombres. Así como puedo afirmar que los Diez Mandamientos, el Credo y el Padrenuestro, ningún hombre los ha sacado de su cabeza, sino que han sido revelados y dados por Dios mismo, también puedo proclamar con seguridad que el bautismo no es cosa humana, sino que ha sido instituido por Dios mismo que, además ha ordenado seria y severamente que nos debemos bautizar; de lo contrario no seremos salvos. De manera que no se piense que es una cosa tan indiferente como ponerse un vestido rojo nuevo. Es, pues, de suma importancia que se considere el bautismo como una cosa [7] excelente, gloriosa e ilustre, ya que por esto combatimos y luchamos lo más, ya que el mundo está lleno de sectas que claman que el bautismo es una cosa externa y que, por lo tanto, no es de ninguna utilidad. Pero, deja que el [8] bautismo sea una cosa externa tanto como pueda; sin embargo, aquí está la palabra y el mandamiento de Dios que lo instituyen, fundan y confirman. Ahora bien, lo que Dios instituye y ordena, necesariamente no es una cosa vana, sino una cosa preciosa, aunque según la apariencia tenga menos valor que una brizna de paja. Hasta ahora se tuvo en gran consideración cuando el [9] papa distribuía indulgencias mediante cartas y bulas o cuando confirmaba altares o iglesias, y esto, basándose solamente en las cartas y sellos; en tanto mayor y preciosa estima deberíamos tener el bautismo, por haber sido mandado por Dios y por realizarse en su nombre. Porque así dicen las palabras: «Id y bautizad», pero no «en vuestro nombre», sino «en nombre de Dios».

Ser bautizado en nombre de Dios significa ser bautizado por Dios mismo [10] y no por hombre. Por lo tanto, aun cuando el bautismo se realice por mano de hombre, se trata, en realidad, de una obra de Dios mismo.203 Y de aquí puede deducir cada cual que tal obra supera en mucho a cualquiera llevada a cabo por hombre o por santos. Porque, ¿puede realizarse acaso una obra [11] superior a la divina? Pero, el diablo halla aquí ocasión propicia para actuar, cegándonos con falsas apariencias y conduciéndonos de la obra divina a la nuestra propia. Las muchas obras difíciles y grandes que un cartujo hace revisten una apariencia brillante; y todos nosotros estimamos superior lo que [12] hacemos y merecemos nosotros mismos. Pero la Escritura enseña lo siguiente: Si se reunieran todas las obras de todos los monjes, por muy brillante que pueda ser su resplandor, no serían tan nobles y buenas como la brizna de paja que Dios mismo recogiera del suelo. ¿Por qué? Porque la persona que hace esto es más noble y mejor. Aquí no se debe considerar la persona según las obras, sino las obras según la persona, de la cual deben recibir su carácter [13] de nobleza. Pero, aquí la loca razón se entromete y puesto que el bautismo no resplandece como las obras que nosotros hacemos, entonces no debe tener ningún valor.

[14] A partir de esto, aprende a captar el recto significado y a responder a la pregunta: ¿Qué es el bautismo?; es decir, de la manera siguiente: No es una simple agua, sino un agua que tiene como fuente la palabra y el mandamiento de Dios y que por ello mismo es santificada, de tal manera que no es otra cosa que un agua de Dios; no que esta agua sea en ella misma más noble que otra agua, sino porque la palabra y el mandamiento de Dios se le agregan.

[15] Es por ello que es una pura canallada y una burla del diablo cuando ahora nuestros nuevos espíritus, para blasfemar el bautismo, dejan de lado la palabra y la institución de Dios y consideran el agua bautismal lo mismo que la que mana de la fuente y preguntan después torpemente: «¿Cómo va a ayudar al [16] alma una porción de agua?» Queridos amigos: Ya sabemos que por lo que respecta a la diferencia entre un agua y otra, ambas son sólo agua. Pero, ¿cómo osas intervenir en la institución de Dios y despojas al agua de su mejor joya, con la cual Dios la ha unido y ensartado, no queriendo que estén separados? Porque el núcleo en el agua es la palabra o el mandato de Dios y el nombre de Dios; esto es un tesoro más grande y más noble que los cielos y la tierra.

[17] Así, pues, comprende la diferencia: El bautismo es una cosa muy distinta que cualquier agua, no por su condición natural, sino porque aquí se agrega algo muy noble, pues Dios mismo ha puesto aquí su honor, su fuerza y su poder. Es por esto que no es solamente un agua natural, sino que un agua divina, celestial, santa, salvadora, y podría seguirse alabándola más, todo por la palabra que es una palabra celestial y santa que nadie podría glorificar [18] suficientemente, pues tiene y posee todo lo que es de Dios. De aquí tiene el bautismo su naturaleza, de tal manera que lo llama un sacramento, como San Agustín lo ha enseñado también: Acedat verbum ad elementum et fit sacramentum, esto es, «Cuando se una la palabra al elemento o a la materia natural se hace el sacramento»,204 o sea una cosa y un signo santos y divinos.

Por esta razón, nosotros siempre hemos enseñado que no se deba considerar [19] los sacramentos y todas las cosas externas, ordenados e instituidos por Dios conforme a su apariencia basta y externa, tal como se ve solamente la cáscara de la nuez; sino que, al contrario, hay que ver cómo la palabra de Dios está encerrada en ellas. De la misma forma hablamos del estado paternal [20] o maternal o de la autoridad secular; si se las quiere ver en cuanto a que tienen nariz, ojos, piel y cabellos, carne y huesos, entonces las vemos igual que los turcos y los paganos y alguien podría venir y decir: «¿Por qué se ha de considerar a éstos más que a los otros?» Porque se agrega un mandamiento que dice: «Honrarás a tu padre y a tu madre» y, por esta razón, veo yo un hombre muy distinto, ornado y revestido con la majestad y la gloria de Dios. El mandamiento, digo yo, es la cadena de oro que lleva en su cuello; aun más, es la corona sobre su cabeza, que me indica cómo y por qué se debe honrar205 la carne y la sangre. Ahora bien, del mismo modo y mucho más [21] aún debes honrar el bautismo y observarlo en toda su gloria, por causa de la palabra y como cosa que Dios mismo ha honrado de palabra y obra y confirmado, además, desde el cielo con milagros. ¿O piensas que fue una broma que Cristo se hiciera bautizar, el cielo se abriera y descendiera visiblemente el Espíritu Santo, manifestándose así toda la gloria y majestad divinas (Mt. 3:16 y sigte.). Por lo tanto, vuelvo a amonestar una vez más para que no se [22] disocien y separen de ninguna manera ambos componentes: La palabra y el agua. Porque, si se retira la palabra, el agua no será otra cosa que aquélla con la cual la criada cocina y se la podría llamar bien un bautismo de bañadores.206 Pero, si está presente la palabra, como Dios lo ha ordenado, entonces será un sacramento que se llama el bautismo de Cristo. Que esto sea el primer punto sobre la esencia y dignidad del bautismo.

En segundo lugar, ya que sabemos lo que es el bautismo y cómo ha de [23] ser considerado, debemos aprender por qué y para qué ha sido instituido, esto es, para qué sirve, qué da y qué realiza. Esto no se puede captar mejor que en las palabras de Cristo citadas antes: «El que creyere y fuere bautizado será salvo» (Mr. 16:16). De aquí debes comprender de la manera más sencilla, [24] que la fuerza, obra, beneficio, fruto y fin del bautismo consisten en hacemos salvos. En efecto, cuando se bautiza a alguien no es para que se haga un [25] príncipe, sino, según las palabras, para que se haga salvo. Y se sabe bien que hacerse salvo no significa otra cosa, sino únicamente ser librado del pecado, de la muerte y del demonio; entrar en el reino de Cristo y vivir con [26] él eternamente. Aquí ves la necesidad de considerar el bautismo como una cosa cara y valiosa, porque en él alcanzamos un tesoro inexpresable. Ello demuestra también que no puede ser una pura y simple agua, pues una pura agua no podrá hacer tal cosa, pero la palabra lo hace, porque, como se dijo [27] antes, el nombre de Dios está contenido ahí. Donde existe el nombre de Dios siempre habrá vida y salvación,207 y de aquí que, con razón, se llama a esta agua, divina, salvadora, fructífera y llena de gracia; pues, por la palabra recibe el poder de ser un baño de regeneración, como lo denomina el apóstol Pablo en el capítulo tercero de la Epístola a Tito (Tit. 3:5).

[28] En cuanto a quienes creen saber todo mejor que nadie, los nuevos espíritus, que objetan que sólo la fe salva, mientras que las obras y todo elemento externo nada aportan a ello, responderemos que ciertamente es la fe la que en nosotros obra la salvación, como todavía lo escucharemos a continuación. [29] Sin embargo, esos guías ciegos no quieren ver que la fe necesita tener algo que pueda creer, esto es, algo a qué atenerse y sobre lo cuál fundarse y basarse. Así, pues, la fe está religada al agua y cree que ella es el bautismo que encierra en sí pura salvación y vida; pero, como antes se dijo suficientemente, no por el agua como tal, sino por el hecho de ir unida a la palabra y al mandato divinos y porque su nombre está adherido a ella. Y cuando creo en esto, ¿no creo yo, acaso, sino en Dios como aquel que ha dado e implantado su palabra en el bautismo y que nos propone esta cosa externa para que podamos captar ahí tal tesoro?

[30] Ahora bien, son tan insensatos que separan una cosa de la otra, la fe y el objeto al cual está adherida y relacionada la fe, aunque sea algo externo. Debe y tiene necesariamente que ser extemo, a fin de que se pueda captar y comprender con los sentidos y mediante ello entre en el corazón, así como también el evangelio entero es una predicación exterior y oral. En resumen, lo que Dios hace y obra en nosotros quiere hacerlo valiéndose de tales medios externos por él instituidos. La fe ha de dirigirse a donde sea que Dios hable, cualquiera sea la manera o el medio por el que hable, y debe apoyarse en [31] ello. Tenemos aquí las palabras: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo»; ¿a qué se refieren sino al bautismo, esto es, al agua constituida por la orden de Dios? Por consiguiente, quien deseche el bautismo también desechará la palabra de Dios, la fe y a Cristo, que nos conduce y nos liga al bautismo.

En tercer lugar, ya que ahora conocemos el gran beneficio y la fuerza [32] del bautismo, veamos en seguida quién es la persona que recibe lo que el bautismo da y beneficia. Esto está expresado mejor y más claramente en [33] estas mismas palabras: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo», o sea, la fe solamente hace a la persona digna de recibir con provecho el agua saludable y divina. En efecto, puesto que dichos beneficios son ofrecidos y prometidos aquí en estas palabras con el agua y unidos al agua, no podrán tampoco recibirse de otro modo que si lo creemos de sincero corazón. Sin la fe, el bautismo no nos sirve de nada, aunque en sí no deje de ser un tesoro [34] divino y superabundante. Por consiguiente, la sola palabra «el que creyere» basta para excluir y relegar todas las obras que podemos hacer con la intención de obtener y merecer la salvación. Esto es cosa segura: Lo que no sea fe no agrega nada ni recibe nada.208 [35]

Las personas suelen, sin embargo decir: El bautismo es de por sí también una obra: No obstante, tú afirmas que las obras nada valen para la salvación, ¿dónde queda entonces la fe? Respuesta: Nuestras obras, en efecto, no aportan realmente nada para nuestra salvación. Pero, el bautismo no es obra nuestra, sino de Dios. (Desde luego, tendrás que diferenciar, como se ha dicho, marcadamente entre el bautismo de Cristo y el de los llamados bañadores). Las obras de Dios son saludables y necesarias para la salvación y no excluyen, antes al contrario, exigen la fe,209 ya que sin la fe no sería posible captarlas. Por el mero hecho de dejarte derramar agua, ni recibes ni [36] cumples el bautismo de tal manera que te sea útil, pero, sí te beneficiará si te bautizas con la intención que es por el mandato y orden de Dios y, además, en nombre de Dios, con el objeto de que recibas en el agua la salvación prometida. Ahora bien, ni la mano ni el cuerpo pueden lograr esto, sino que el corazón lo debe creer. Así ves claramente que aquí no hay ninguna obra [37] realizada por nosotros, sino un tesoro que Dios nos concede y del que tal fe toma posesión, así como el Señor Cristo en la cruz no es una obra, sino un tesoro que, contenido y ofrecido a nosotros en la palabra, es recibido por la fe. Por este motivo, nos hacen violencia cuando claman contra nosotros como si predicásemos contra la fe, en circunstancias que insistimos solamente sobre la fe, como siendo tan necesaria que sin ella no es posible recibir ni disfrutar nada.

De esta manera, tenemos las tres partes que se deben saber de este [38] sacramento y, sobre todo, que es una institución de Dios que es menester honrar altamente. Esto ya de por sí bastaría, aunque se trate de una cosa meramente externa. Lo mismo ocurre con el mandamiento «honrarás a tu padre y tu madre», que solamente está establecido en relación con una carne y sangre corporales; no obstante, no se considera la carne y la sangre, sino el mandamiento divino en que están comprendidas y por el cual la carne recibe el nombre de «padre y madre». Del mismo modo, si no tuviésemos sino estas palabras: «Id y bautizad …», las deberíamos aceptar y practicar como una [39] institución de Dios. Por otra parte, no sólo están el mandamiento y la orden, sino también la promesa y, por esto, el bautismo es más glorioso que todo lo que ha ordenado e instituido Dios. En resumen, está tan pleno de consuelo [40] y gracia que ni en los cielos ni en la tierra se pueden abarcar. Sin embargo, se necesita gran arte para creerlo,210 porque la falta no está en el tesoro, sino en que no se lo comprende y retiene con firmeza.

[41] De aquí que todo cristiano tenga, mientras viva, suficiente que aprender y ejercitarse en el bautismo. Siempre tendrá que hacer para creer firmemente lo que promete y aporta: La victoria sobre el demonio y la muerte, el perdón de los pecados, la gracia divina, el Cristo íntegro y el Espíritu Santo con sus [42] dones. En suma, esto es tan superabundante que al reflexionar sobre ello la torpe naturaleza humana,211 llegará a dudar de si acaso esto puede ser verdad. [43] En efecto, piensa, si existiese algún médico que conociese el medio para que la gente no muriese o, si se murieran, los hiciera revivir eternamente, ¿cómo no nevaría y llovería el mundo con dinero, de modo que fuera de los ricos, nadie podría tener acceso? Pues bien, aquí en el bautismo se ofrece gratuitamente a cada uno un tesoro delante de su puerta y una medicina que [44] destruye212 la muerte y mantiene a todos los hombres en vida. Así deberíamos considerar el bautismo y aprovechamos de él para que sea nuestra fortaleza y nuestro consuelo, cuando nuestros pecados o nuestra conciencia nos oprimen de modo que digamos: «Sin embargo yo estoy bautizado y, por estarlo, se me ha prometido que seré salvo y que mi cuerpo y alma tendrán vida eterna». [45] Porque por ello ocurren en el bautismo estas dos cosas: Es rociado el cuerpo que no puede captar otra cosa sino agua y, además,213 se pronuncia la palabra [46] que el alma también puede captar. Y como ambas cosas constituyen un solo bautismo, el agua y la palabra, también el cuerpo y el alma serán salvos y vivirán eternamente; el alma en virtud de la palabra en que cree, y el cuerpo, porque está unido al alma y se posesiona del bautismo como puede. Por eso, no tenemos mayor joya en nuestro cuerpo y en nuestra alma, porque mediante el bautismo somos santos y salvos, lo cual no puede alcanzar ninguna vida y ninguna obra en este mundo.

Se ha dicho lo suficiente sobre la esencia, la utilidad y el uso del bautismo en cuanto aquí cabe.214 Corresponde tratar ahora una cuestión con la que el [47] diablo, mediante sus sectas, trae confuso al mundo. Se trata del bautismo infantil,215 esto es, de si los niños también creen o si es justo que sean bautizados. A esto digamos brevemente que las mentes sencillas se deben desentender [48] de tal cuestión y remitirla al juicio de los doctos. Sin embargo si [49] quieres responder tú, contesta del siguiente modo: De la propia obra de Cristo se demuestra suficientemente que a él le complace el bautismo infantil, es decir, que Dios ha santificado a muchos de ellos que han sido bautizados de esta manera y les ha dado el Espíritu Santo, y hoy mismo existen aún muchos en los cuales se sienten que tienen el Espíritu Santo, tanto por su doctrina como por su vida. Por gracia de Dios nos ha sido concedido también a nosotros el poder interpretar la Escritura y conocer a Cristo, lo que no puede ocurrir sin el Espíritu Santo. Ahora bien, si Dios no aceptase el bautismo infantil, [50] tampoco otorgaría a ninguno de ellos el Espíritu Santo, ni siquiera algo del mismo. En resumen, desde tiempos remotísimos hasta nuestros días no habría existido en el mundo un solo hombre cristiano. Pero, por el hecho de que Dios ha confirmado el bautismo por la infusión216 de su Espíritu Santo, como se advierte en diversos Padres de la iglesia, por ejemplo, San Bernardo, Gerson, Juan Hus, y otros,217 y no pereciendo la iglesia cristiana hasta el fin del mundo, es preciso reconocer que el bautismo infantil agrada a Dios; pues Dios no puede contradecirse, ni venir en ayuda de la mentira o de la picardía, ni daría su gracia y su Espíritu para ello. Esta es la prueba mejor y más [51] fuerte218 para las personas sencillas y los incultos. Porque jamás se nos arrebatará o derribará el artículo que dice: «Creo en una santa iglesia cristiana, la comunión de los santos, etcétera».

[52] Prosiguiendo, diremos que lo que más nos importa no es si el bautizado [53] cree o no cree, pues por esto el bautismo no pierde su valor, sino que todo depende de la palabra de Dios y su mandamiento. Desde luego, esta es una afirmación algo tajante, pero se basa totalmente en lo que antes he dicho; o sea, que el bautismo no es otra cosa que el agua y la palabra de Dios conjuntas y reunidas; es decir, cuando va la palabra con el agua, el bautismo es verdadero, aunque no se agregue la fe. En efecto, no es mi fe la que hace el bautismo, sino la que lo recibe. Ahora bien, si no se recibe o usa el bautismo debidamente, esto no merma el valor del mismo, puesto que, como se ha [54] dicho, está ligado a la palabra, pero no a nuestra fe. Aunque hoy mismo viniera un judío con perversidad y mala intención, y nosotros lo bautizásemos con toda seriedad, no por ello, a pesar de todo, deberíamos decir que este bautismo no es verdadero. Pues, ahí están el agua junto con la palabra de Dios, aunque él no lo recibiese como debe ser. Idéntico es el caso de quienes indignamente se acercan al sacramento y reciben el verdadero sacramento aunque no crean.

[55] Por consiguiente, ves que la objeción de los sectarios carece de todo valor. Porque, como ya dijimos, aun cuando los niños no creyeran, lo cual no sucede (como hemos demostrado), su bautismo sería verdadero y nadie debería bautizarlos nuevamente. Es el mismo caso, si alguien se acerca al sacramento con mal propósito, el sacramento no perderá con eso nada de su valor y de ningún modo se consentiría que por haber abusado del sacramento219 lo tomase de nuevo a la misma hora, como si antes no hubiese recibido verdaderamente el sacramento, pues esto sería blasfemar y escarnecer en grado sumo. ¿Cómo llegamos a sostener entonces que la palabra y la institución de Dios son inadecuadas y desprovistas de valor por el hecho de haber sido usadas [56] de manera indebida? Digo, por lo tanto; si antes no has creído, cree ahora y di: «Mi bautismo fue un verdadero bautismo; pero, por desgracia, no lo recibí como es debido». Porque, yo mismo y todos cuantos se hacen bautizar, debemos decir delante de Dios: «Yo vengo aquí con mi fe y también con la de los demás, pero no puedo basarme en el hecho de que yo crea y que mucha gente pida por mí; antes bien, me baso sobre el hecho de que tales son tu palabra y tu orden». Del mismo modo, cuando me acerco al sacramento, no me baso en mi fe, sino en la palabra de Cristo; que yo sea fuerte o débil, eso lo dejo decidir a Dios. Sin embargo, hay una cosa que sé y es que Dios me ha ordenado que vaya a comer y a beber, etc., y que me da su cuerpo y su sangre, lo que no me mentirá, ni engañará. Lo mismo hacemos con lo que se refiere al bautismo infantil. Llevamos al niño al bautismo, pensando y [57] esperando que él crea,220 y pedimos que Dios quiera concederle la fe.221 No obstante, no lo bautizamos por estas razones, sino únicamente porque así nos ha sido ordenado por Dios. ¿Por qué esto? Porque sabemos que Dios no miente. Yo y mi prójimo, y todos los hombres, en fin, podríamos equivocamos y engañamos, pero la palabra de Dios no puede fallar.

Por esto, son espíritus presuntuosos y groseros quienes deducen y concluyen [58] que donde no haya fe, el bautismo tampoco será verdadero. Porque es lo mismo que si yo sacara la siguiente conclusión: «Si yo no creo, Cristo de nada vale». Y si yo no soy obediente de nada valen tampoco mis padres camales y las autoridades. Pero, ¿sería esta una conclusión correcta que si alguien no hace lo que debe hacer, la cosa en sí misma—que es su deber—no es, ni debe valer nada? Amigo mío, invierte los términos y concluye más [59] bien así: Precisamente el bautismo es algo que realmente vale y es, además, verdadero, por muy indignamente que lo hayas recibido. Porque de no ser verdadero por sí mismo, no se podría usar indebidamente de él, no podría pecarse contra él. Se dice, en efecto: Abusos non tollit sed confirmat substantiam … ». («el abuso no suprime la sustancia, antes bien la confirma»). El oro no pierde nada de oro, porque lo lleve una malvada con pecado y vergüenza.

[60] Por consiguiente, podremos llegar a esta conclusión terminante: El bautismo permanece verdadero y en toda su esencia cuando un hombre es bautizado y aunque éste no crea verdaderamente, porque la institución y la palabra [61] de Dios no pueden cambiarse, ni modificarse por los hombres. Sin embargo, «los entusiastas» están de tal manera cegados que no ven la palabra y el mandamiento de Dios; en el bautismo no ven sino el agua de los arroyos y de los cántaros y en la autoridad, un hombre cualquiera. Y porque no ven ninguna fe y ninguna obediencia, estas cosas, según ellos, no tienen valor [62] por ellas mismas. Se encuentra aquí un diablo oculto y sedicioso que quisiera con gusto despojar a la autoridad de su corona para que después se la pisotee y, al mismo tiempo, para trastornamos y destruir toda obra y toda institución [63] de Dios. Es preciso, por tanto, que andemos vigilantes y armados, no dejándonos apartar de la palabra ni que se nos prive de ella, de modo que no hagamos del bautismo un mero signo,222 tal como enseñan los entusiastas.

[64] Conviene saber, por último, lo que significa el bautismo y por qué Dios ha instituido justamente tal signo o ceremonias extemas para hacer el sacramento, en virtud del cual somos recibidos primeramente en la cristiandad. [65] Este acto o ceremonia extema consiste en que se nos sumerge en el agua que nos cubre enteramente y después se nos saca de nuevo. Estas dos cosas, es decir, la inmersión y la emersión del agua indican el poder y la obra del bautismo, que no son otras sino la muerte del viejo Adán y, seguidamente, la resurrección del nuevo hombre. Ahora bien, ambas cosas han de suceder durante toda nuestra vida, de modo que la vida del cristiano no es sino un bautismo diario, comenzado una vez y continuado sin cesar. Pues tiene que hacerse sin cesar, de modo que se limpie lo que es del viejo Adán y surja lo [66] perteneciente al nuevo. ¿Qué es, pues, el viejo hombre? Es el hombre ingénito en nosotros desde Adán; un hombre airado, odioso, envidioso, impúdico, avaro, perezoso, soberbio, incrédulo, lleno de toda clase de vicios y ajeno [67] por naturaleza a toda bondad. Cuando entremos nosotros en el reino de Cristo, todas esas cosas habrán de disminuir diariamente, de forma tal que con el tiempo nos volvamos más mansos, pacientes y suaves, destruyendo cada vez más nuestra avaricia, odio, envidia, soberbia.

[68] Este es el uso verdadero del bautismo entre los cristianos, indicado por el bautismo del agua.223 Pero, cuando esto no tiene lugar y, por lo contrario, se da rienda suelta al viejo hombre, de modo que pueda hacerse más fuerte, entonces no podrá decirse que se ha usado del bautismo, sino todo lo contrario, que se ha luchado contra él. En efecto, quienes viven fuera de Cristo no [69] pueden hacer otra cosa que volverse cada día peores, como dice el refrán, conforme a la verdad: «Siempre peores y cuanto más tiempo transcurre, más malvados son».224 Quien un año atrás era un soberbio y un avaro, hoy lo será [70] todavía más. Es decir, los vicios crecen y aumentan con él desde su juventud. Un niño no tiene un vicio determinado en sí, pero al crecer empieza a mostrarse impúdico y lascivo; al llegar a su completa mayoría de edad, comienzan los verdaderos vicios, los cuales aumentan con el correr del tiempo. Si no actúa [71] el poder defensor y apaciguador del bautismo, el hombre viejo en su naturaleza va gastándose; al contrario, entre los que han llegado a ser cristianos, disminuye diariamente hasta que sucumbe. Significa esto que se ha entrado verdaderamente en el bautismo y que también se sale diariamente de él. Por [72] consiguiente, el signo exterior no está instituido solamente para que deba obrar con potencia, sino para significar algo. Donde existe la fe con sus frutos [73] no hay un mero símbolo, sino que se agrega la obra.225 Pero, si la fe no existe permanece un mero signo infructífero.

Aquí puedes ver que el bautismo, tanto por lo que respecta a su poder [74] como a su significación, comprende también el tercer sacramento llamado el arrepentimiento226 que, en realidad, no es sino el bautismo. Porque, ¿no significa [75] acaso el arrepentirse atacar seriamente227 al viejo hombre y entrar en una nueva vida? Por eso, cuando vives en arrepentimiento, vives en el bautismo, el cual no significa228 solamente dicha nueva vida, sino que la opera, la [76] principia y la conduce, pues en él son dadas la gracia, el espíritu y la fuerza para poder dominar al viejo hombre, a fin de que surja y se fortalezca el [77] nuevo. De aquí que el bautismo subsista siempre y a pesar de que se caiga y peque, siempre tenemos, sin embargo, un recurso ahí para someter de nuevo [78] al viejo hombre. Pero, no se necesita que se nos derrame más el agua, pues aun cuando se sumergiese cien veces en el agua, no hay más, no obstante, sino un bautismo; la obra y la significación, sin embargo continúan y permanecen [79]. Así, el arrepentimiento no es sino lo que se había comenzado anteriormente y que después se ha abandonado.

[80] Digo todo esto, a fin de que no se tenga la opinión errónea como la hemos tenido durante mucho tiempo al pensar que el bautismo pierde su valor y no tiene utilidad después de que hemos caído de nuevo en pecado. Esto se piensa, porque no se lo considera sino según la obra229 que se ha realizado [81] una vez. Esto procede, en realidad, de lo que San Jerónimo230 ha escrito: «El arrepentimiento es la segunda tabla231 con la que debemos salir a flote y llegar a la villa, después que el barco haya naufragado». En él [82] entramos y efectuamos la travesía cuando llegamos a la cristiandad. Con ello, el bautismo es despojado de su uso, de modo que ya de nada aprovecha. Por esto, esta expresión no es justa. En efecto, el barco no naufraga, puesto que, como hemos232 dicho, el bautismo es una institución de Dios y no es una cosa nuestra. Ciertamente ocurre que resbalamos y hasta caemos fuera del barco; pero, si alguien cae fuera del barco, que procure nadar hacia el barco y sujetarse a él, hasta llegar a bordo y permanecer como antes había comenzado.

[83] Así se ve qué cosa tan elevada y excelente es el bautismo que nos arranca de las fauces del diablo, nos da en propiedad a Dios, amortigua y nos quita el pecado, fortalece diariamente al nuevo hombre, siempre queda y permanece [84] hasta que pasemos de esta miseria hacia la gloria eterna. Por consiguiente, cada uno debe considerar el bautismo como su vestido cotidiano que deberá revestir sin cesar con el fin de que se encuentre en todo tiempo en la fe y en sus frutos, de modo que apacigüe al viejo hombre y crezca en el nuevo.

[85] Porque si queremos ser cristianos, habremos de poner en práctica la obra por la cual somos cristianos. Y si alguien cayera fuera de ella, que regrese. Así [86] como el trono de gracia233 de Jesucristo no se aleja de nosotros, ni nos impide volver ante él, aun cuando pecamos, así también permanecen todos estos tesoros y dones suyos. Así como recibimos una vez en el bautismo el perdón de los pecados, así también permanece todavía diariamente mientras vivimos, o sea, mientras llevemos al cuello al viejo hombre.

201. Häuptstück. Texto lat.: principales. Lutero usa el término Häuptstück en dos acepciones: (1) parte o división principal (también «artículos principales» Häuptartikel; cf. Catecismo Mayor, Credo, 6); (2) cosa más necesaria, más importante, principal, esencial. Vid. Catecismo Mayor, Prefacio II, donde Lutero escribe que los Diez Mandamientos, el Credo y el Padrenuestro son «las partes más necesarias» (die nötigsten Stücke).

202. Mt. 28:19. Vid. Catecismo Mayor, Prefacio II, 3: Sobre el Bautismo, nota 22.

203. Cf. Lutero: De captivitate Babylonica, O. Clemen, Luthers Werke I, p. 464: Unde oportet nos baptismum de manu haminis non aliter suscipere, quam si ipse Christus, immo ipse Deus, nos suis propriis manibus baptisaret («Es necesario, por lo tanto, que recibamos el bautismo de mano de un hombre exactamente como si el mismo Cristo, sí, el mismo Dios nos bautizara con sus propias manos»).

204. Vid. Artículos de Esmalcalda, III. Parte, V. Artículo, 1, sacramentum.

205. En la edición española de las Obras de M. Lutero (vol. V, p. 131) se omitió «esta» («… por qué se debe honrar la carne y la sangre …» en vez de «… honrar esta carne …»).

206. Badertaufe, i.e. bautismo aplicado por el bañero (en alem. «Bader» o «Bademeister»). Obsopoeus: balneatorum baptismus (bautismo de bañero). Cf. el sermón de Lutero sobre el bautismo 1534, WA XXXVII, 642: ein schlecht wässerig oder irdisch Wasser oder (wie es die Rotten heissen) ein Badewasser und Hundsbad («una simple agua aguada o terrenal, o [como lo llaman los sectarios] un agua para el baño o baño canino»).

207. Seligkeit. Obsopoeus: summam felicitatem. Concordia Triglotta ed. Tappert, Obras de M. Lutero en español: «Salvación».

208. Das teut nichts dazu (das hilft nichts), de nada sirve.

209. Fodern. Vid. Catecismo Mayor I (Tercer Mandamiento) 98, nota 70.

210. Künst. Cf. A. Götze, Glossar: «kunst» = Kenntnis, Wissen, Verständnis («conocimiento, saber, entendimiento»). Obsopoeus: hic arte opus est.

211. En el original: blöde = tímida. Texto lat.: imbecilla.

212. Cf. Is. 25:8.

213. La ed. española, op.cit., vol. V, p. 134 tiene: «El cuerpo no puede tomar otra cosa sino agua»; mejor sería captar, término usado luego con respecto al alma.

214. So viel hieher dienet (passt). Después de la palabra dienet, el Libro de Concordia en alemán (Dresden 1580) inserta el título: Von der Kindertaufe («Acerca del bautismo de los infantes»). Cf. BSLK, p. 700, aparato crítico.

215. En cuanto a la doctrina de Lutero respecto de la fe infantil en el bautismo de párvulos vid. p. ej. el minucioso estudio de Karl Brinkel: Die Lehre Luthers von der fides infantium bei der Kindertaufe, vol. VII de la serie Theologische Arbeiten, editadas por Hans Urner, Berlín, 1958.

216. Eingeben. BSLK, p. 701, nota 1: Inspiration (una acepción registrada por A. Götze en su Glossar). Texto lat.: distributio o (Libro de Concordia en latín) donatio. W. Metzger, op.cit., p.139: «indem er seinen Heiligen Geist ins Herz gibt». Edición en español: Infusión. (En esta misma edición en español, la nota 218, p. 134 informa que «la traducción inglesa dice: Confirmed [pág. 443]». Es una equivocación. La trad. ingl. mencionada es la de Tappert, donde confirmed aparece como traducción de bestätigt. Para durch Eingeben, Tappert tiene through the gift.)

217. Después de andern (otros), el Libro de Concordia en alemán, 1580, agrega las palabras: so in der Kindheit getauft sind («que fueron bautizados en la infancia»).

218. Fast die beste und stärkste. Texto lat.: fere optima et firmissima. Melanchton repite el argumento de Lutero en la Apología, IX, 3. E. F. Karl Müller (Symbolik, 1896, p. 374, nota 14) dice que con esta argumentación de Lutero se puede probar también que la «missa romana» es agradable a Dios («Damit kann man auch die Gottgefälligkeit der römischen Messe beweisen»). Walter Lohrmann (Glaube und Taufe en der Bekenntnisschriften der ev.-lutherischen Kirche, p. 39 y sigtes.) también critica severamente esa «prueba racional-pragmática de la experiencia», como la llama. El autor observa que en el fondo, el argumento de Lutero está expresado en las palabras: Denn er kann je nicht wider sich selbs sein («Pues no puede estar en contra de sí mismo»). Gotthilf Döhler («Der Grosse Katechismus und die gegenwärtige Taufproblematik» en Lutherischer Rundblick, vol. 4, 1956, p. 133) comenta que Lutero recurre aquí a un testimonium Spiritus Sancti externum.

219. I.e., el sacramento del altar.

220. Der Meinung und Hoffnung, dass es gläube. A. Götze, Glossar, indica para der Meinung: «in dieser Absicht» (con este propósito). Así puede entenderse también el texto latino: hac spe atque animo. Traducido de esta manera, el pasaje no da pie a la hipótesis sustentada por Erich Roth (cf. nota siguiente, a «la fe»). Sin embargo, el original es algo ambiguo. Concordia Triglotta lo interpreta así: «in the conviction and hope that it believes». W. Metzger, ed. de Calw, p. 141: «in dem Gendanken» (con la idea de). P. Brunner (Pro Ecclesia, p. 167): «in der Uberzeugung und Erwartung» (en la convicción y la esperanza).

221. Und bitten, dass ihm Gott den Glauben gebe. El texto latino adoptado por BSLK no tiene la traducción de estas palabras; sí la tiene el Libro de Concordia latino de 1584: et precamur, ut Deus eum fide donet (BSLK, p. 703, renglón 2, y aparato crítico). Comenta Erich Roth («aporien in Luthers Tauflehre» en Seitschrift für systematische Theologie, vol. 22, 1953, p. 107 y sigte.): «In den meisten Zeugnissen [Luthers] tritt als Zeitpunkt, in welchem der Glaube geweckt wird, der Taufakt selbst hervor … Es gibt indessen auch Belege, die nicht so eindeutig sind und teilweise auch an einen aus der Kraft der Fürbitte erwachsenen mitgebrachten Glauben zu denken scheinen: das Kind tragen wir herzu in der Meinung und Hoffnung, dass es gläube. Allerdings heisst es gleich weiter, und bitten, dass ihm Gott den Glauben gebe» («En los más de los pasajes pertinentes [de Lutero] aparece el acto del bautismo mismo como el momento en que es despertada la fe …. Hay sin embargo testimonios que no son tan inequívocos y que, al menos en parte, parecen hacer pensar también en una fe surgida del poder de la intercesión: Traemos este niño a la fuente bautismal con el propósito y la esperanza de que crea. No obstante, a renglón seguido se dice y rogamos que Dios le conceda la fe»). Cf. nota anterior, en crea.

222. Ein bloss ledig Zeichen. «Ledig», además de «mero», puede significar «vacío». Cf. A. Götze, Glossar.

223. Durch das Wassertäufen. Texto lat.: per aquae mersionem. W. Metzger, op.cit., p. 143: durch dieses Eintauchen ins Wasser («mediante esa inmersión en el agua»). Concordia Triglotta (p. 794) y ed. Tappert (p. 445): «by baptizing with water».

224. Immer je ärger, je länger, je böser. W. Metzger, op.cit., p. 143: «Je mehr, desto ärger; je länger, desto schlimmer». En otros escritos, Lutero cita el proverbio en la siguiente forma: «Je älter, je kärger und je länger, je ärger» (WA XXIX, p. 619; XXX, I, p. 22; XXXII, p. 451; XXXIII, p. 666). Obsopoeus: Quo seniores, hoc deteriores («cuanto más viejos, peores»).

225. Das Werk; en este contexto: El efecto.

226. Busse. Concordia Triglotta, p. 751: «repentance». Ed. española, op.cit., p. 138: «Arrepentimiento». Ed. Tappert, p. 445, correctamente: «penance». Vid. Apología XIII, 4, nota 704. Otto Albrecht (Luthers Katechismen, p. 17) observa que Lutero, pese a que ocasionalmente llamó «tercer sacramento» a la penitencia (= confesión privada) por causa de la absolución, sin embargo era del parecer de que sólo el bautismo y la santa cena son sacramentos propiamente dichos (« … obwohl er sie [i.e. die Privatbeichte]genauer die Bussewegen der Absolution gelegentlich als ein 3.Sakrament bezeichnet hat [WA 30 I, 221, 13 f.], als die eigentlichen Sakramente galten ihm doch nur die zwei: Taufe und Abendmahl [a.a.O.S.212,6]»).

227. El texto latino añade: ut ejus concupiscentiae coerceantur («a fin de que sean reprimidas sus concupiscencias»).

228. En el original: so gehest Du in der Taufe, literalmente: «Andes en el bautismo»; texto lat.: in baptismo versaris. El sentido es: Te comportas como corresponde a una persona que ha sido bautizada.

229. Texto lat.: secundum externum opus = el bautismo como acto en sí, realizado en determinado momento.

230. Ep. 130 ad Demetriadem de servanda virginitate, MSL XXII, 1115. Cf. también Ep. 122 ad Rusticum y Ep. 147 ad Sabinianam lapsum (MSL XXII, 1046, 1197) y Comment, in Jes. cap. 3:8-9 (MSL XXIV, 65).

231. La primera tabla es el bautismo.

232. Vid. Bautismo, secc. 10.

233. Der Gnadenstuel. Cf. Ro. 3:25; He. 4:16. Denn wie Christus, der Gnadenstuel, nicht weichet…. («Así como Cristo, el trono de gracia, no se aleja de nosotros …»).