II. El Libre Albedrío
EL ASUNTO EN CONTROVERSIA
El asunto principal en esta controversia: La voluntad del hombre la [1] encontramos en cuatro estados desemejantes, a saber: 1) antes de la caída, 2) desde la caída, 3) después de la regeneración, y 4) después de la resurrección de la carne. Aquí empero interesa considerar solamente la voluntad y capacidad del hombre en el segundo de estos estados, o sea, qué facultades en asuntos espirituales tiene el hombre de por sí después de que nuestros primeros padres cayeron en el pecado y antes de la regeneración, y si mediante sus propias facultades, antes de haber sido regenerado por el Espíritu de Dios, el hombre es capaz de aplicarse y prepararse a sí mismo para recibir la gracia de Dios, y de aceptar o no la gracia que mediante el Espíritu Santo se le ofrece en la palabra y en los sacramentos instituidos por Dios.
AFIRMATIVA
La doctrina correcta respecto de este artículo, según la palabra de Dios
1. Respecto a este asunto, nuestra doctrina, fe y confesión es la siguiente: [2] En asuntos espirituales, el entendimiento y la razón del hombre son completamente ciegos, y por sus propias facultades no comprenden nada, como está escrito en 1 Corintios 2:14: «El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura, y le falta el entendimiento» cuando se le examina acerca de cuestiones espirituales.
[3] 2. Asimismo creemos, enseñamos y confesamos que la voluntad no regenerada del hombre no sólo se ha alejado de Dios, sino que también se ha hecho enemiga de Dios, de modo que su inclinación y deseo están dirigidos únicamente hacia lo malo y lo que se opone a Dios, como está escrito en Génesis 8:21: «El intento del corazón del hombre es malo desde su juventud», y en Romanos 8:7: «La intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede». Más aún: Así como el cuerpo muerto no es capaz de resucitarse a sí mismo a una vida corporal y terrenal, así tampoco el hombre, quien por causa del pecado está muerto espiritualmente, es capaz de resucitarse a sí mismo a una vida espiritual, como está escrito en Efesios 2:5: «Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo», y en 2 Corintios 3:5: «No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios».
[4] 3. Sin embargo, Dios el Espíritu Santo no obra la conversión sin valerse de medios, sino que para convertir al hombre hace que sea predicada y oída la palabra de Dios, como está escrito en Romanos 1:16: «El evangelio es poder de Dios para salvación», y en Romanos 10:17: «La fe viene por el oír [5] la palabra de Dios». Y es la voluntad de Dios que los hombres oigan su palabra y no se tapen los oídos (Sal. 95:8). Con esta palabra está presente el Espíritu Santo y abre el corazón de los creyentes, a fin de que éstos, como aquella Lidia de que se nos habla en Hechos 16:14, oigan la palabra con atención y así se conviertan por ese único medio: La gracia y el poder del [6] Espíritu Santo, autor único y exclusivo de la conversión del hombre. Pues sin la gracia del Espíritu, y si él no concede el crecimiento, es inútil todo nuestro desear y correr (Ro. 9:16), nuestro plantar, sembrar y regar, como dice Cristo en Juan 15:5: «Sin mí nada podéis hacer». Con estas breves palabras Cristo niega que el libre albedrío tenga facultades espirituales y atribuye todo a la gracia de Dios, para que nadie se gloríe delante de Dios (1 Co. 1:29; 2 Co. 12:5; Jer. 9:23).
NEGATIVA
Doctrinas falsas contrarias
[7] Por consiguiente, rechazamos y condenamos todos los errores siguientes como contrarios a la norma de la palabra de Dios:
1. La doctrina insensata18 de los filósofos llamados estoicos, como también [8] la de los maniqueos, quienes enseñaban que todo lo que sucede, tiene que suceder tal cual, sin posibilidad alguna de suceder de otro modo, y que todo lo que el hombre hace, aun en cuestiones externas, lo hace por compulsión, y que es obligado a cometer obras malas y desplegar actitudes malas, tales como lascivia, rapiña, crimen, hurto y cosas similares.
2. También rechazamos el craso error de los pelagianos, quienes enseñan [9] que el hombre tiene la capacidad, mediante sus propias facultades, sin la gracia del Espíritu Santo, de convertirse a Dios, creer el evangelio, obedecer de corazón a la ley de Dios, y merecer así el perdón de los pecados y la vida eterna.
3. También rechazamos el error de los semipelagianos,19 quienes enseñan [10] que mediante sus propias facultades el hombre es capaz de iniciar su conversión, pero que no puede completarla sin la gracia del Espíritu Santo.20
4. Rechazamos asimismo la enseñanza de quienes admiten que por su [11] libre albedrío, antes de la regeneración, el hombre es demasiado débil para hacer ese comienzo y mediante sus propias facultades convertirse a Dios y obedecerle de corazón, sosteniendo sin embargo que si el Espíritu Santo por la predicación de la palabra ha hecho el comienzo, ofreciendo así su gracia, la voluntad del hombre puede, por medio de sus propias facultades, añadir algo, aunque en medida muy limitada y débil, pudiendo de esta manera ayudar y cooperar, habilitarse y prepararse para la gracia, recibirla y aceptarla, y creer el evangelio.
5. Rechazamos que el hombre, después de haber nacido de nuevo, pueda [12] observar de manera perfecta la ley de Dios y cumplirla en todos sus detalles, y que este cumplimiento sea nuestra justicia delante de Dios, por la cual merecemos la vida eterna.
6. También rechazamos y condenamos el error de los entusiastas21 o [13] iluminados, quienes enseñan que Dios, sin utilizar medios, sin que se oiga su palabra, y también sin el uso de los santos sacramentos, hace que los hombres se acerquen a él, los ilumina, justifica y salva. (Llamamos entusiastas o iluminados a los que esperan la iluminación celestial por parte del Espíritu sin la predicación de la palabra de Dios.)
[14] 7. Rechazamos la enseñanza de que en la conversión y regeneración, Dios extermina por completo la substancia y esencia del Viejo Adán, y especialmente el alma racional, y en la conversión y regeneración crea de la nada una nueva esencia espiritual.22
[15] 8. Rechazamos también el empleo sin explicación alguna de expresiones tales como: La voluntad del hombre antes de la conversión, durante la conversión y después de la conversión resiste al Espíritu Santo, y: El Espíritu Santo es dado a aquellos que se oponen a él con toda intención y persistencia; pues, como dice Agustín: «Dios hace de personas involuntarias personas voluntarias y mora en éstas».23
[16] Con respecto a expresiones de teólogos antiguos y modernos como éstas: «Dios atrae, pero sólo atrae a los que quieren»; y: «En la conversión, la voluntad del hombre no es inactiva, sino que también hace algo», sostenemos que, por cuanto dichas expresiones se han usado para corroborar los errores respecto a las facultades del libre albedrío natural en la conversión del hombre, en contra de la doctrina acerca de la gracia de Dios, ellas no concuerdan con la sana doctrina, y por consiguiente deben evitarse cuando hablamos de la conversión del hombre a Dios.
[17] En cambio, es correcto decir que en la conversión, Dios hace de personas obstinadas e involuntarias personas voluntarias, mediante el impulso del Espíritu Santo, y que después de tal conversión, en el ejercicio diario del arrepentimiento, la voluntad regenerada del hombre no es inactiva, sino que también coopera en todas las obras del Espíritu Santo, las cuales él efectúa por medio de nosotros.
[18] 9. El Dr. Lutero escribió que en la conversión, la voluntad del hombre es puramente pasiva,24 es decir, que no hace absolutamente nada. Esto debe entenderse con respecto a la gracia divina y la obra que ésta realiza de encender nuevos impulsos,25 o sea, cuando el Espíritu de Dios, mediante el oír la palabra o el usar los santos sacramentos, se apodera de la voluntad del hombre y efectúa en el hombre el nuevo nacimiento y la conversión. Pero una vez que el Espíritu Santo ha efectuado y realizado esto, y la voluntad del hombre ha sido transformada y renovada por el poder y la obra exclusiva de Dios, entonces la nueva voluntad del hombre es instrumento y órgano del Espíritu Santo, de modo que el hombre no sólo acepta la gracia divina, sino que también coopera con el Espíritu Santo en las obras subsecuentes.
Por lo tanto, antes de la conversión del hombre, existen sólo dos causas [19] eficientes:26 El Espíritu Santo, y la palabra de Dios. Ésta es usada por el Espíritu Santo como instrumento para efectuar la conversión. Por supuesto, el hombre tiene que oír la palabra de Dios; pero el creerla y aceptarla no se debe a las propias facultades del hombre, sino únicamente a la gracia y obra del Espíritu Santo.
18. Schwarm. Texto lat.: delirum dogma (doctrina delirante, insensata). El término alemán tiene dos acepciones: delirio, pasión; enjambre, muchedumbre.
19. Der halben Pelagianer. Texto lat.: Semipelagianorum. Es ésta la única vez que el término aparece en el Libro de Concordia.
20. La Decl. Sól., II, 76 afirma que ese «error de los semipelagianos» es «el error de los papistas y doctores escolásticos», afirmación que es criticada por J. H. McSorley (Luther: Right or Wrong?, Newman Press y Augsburg Publishing House, 1969, p. 362). Sostiene McSorley que el Epítome (II, 10) da cuenta de que se trata del error de los neo–semipelagianos. Sin embargo, el texto del Epítome no deja en claro a quién atribuye el error semipelagiano del que está hablando. Los neo–semipelagianos de McSorley son personas como Guillermo de Ockham y Gabriel Biel. Vid. Decl. Sól. II, secc. 76, nota 145.
21. Al margen de los textos alemán y latino se encuentra la siguiente nota: «Entusiastas se llaman los que esperan una iluminación celestial del Espíritu sin la predicación de la palabra de Dios».
22. E. Kinder (Die Erbsünde, p 59) llama la atención a lo que se condena aquí: la tesis de que la creación del hombre nuevo («die Neuschöpfung) es una creatio ex nihilo (texto alemán: aus nichts erschaffe; texto lat.: ex nihilo creare).
23. Contra las dos cartas de Pelagio a Bonifacio, I, 19, 37 MSL XLIV 568.
24. Pure passive en el original. Cf. p. ej. WA, XVIII, 967.
25. Respectu divinae gratiae in accendendis novis motibus.
26. Nur zwo wirkliche Ursachen. Texto lat.: duae tantum efficientes causae.