Artículo Tercero
Que los capítulos52 y los conventos, fundados antiguamente con la buena [1] intención de formar hombres instruidos y mujeres honestas, deben ser nuevamente ordenados a tal uso, a fin de que se pueda tener también pastores, predicadores y otros servidores de la iglesia, lo mismo que personas necesarias para el gobierno secular en las ciudades y en los países, también jóvenes muchachas bien educadas para llegar a ser madres de familia y amas de casa, etcétera.
Si no quieren [los capítulos y conventos] servir a esto, es mejor dejarlos [2] yacer en ruinas y destruirlos, antes que verlos ser considerados, con su culto que es una ofensa a Dios y una invención de los hombres, como superiores al estado común de cristianos, a las funciones y órdenes53 que Dios ha fundado; porque todo está nuevamente contra el primero y principal artículo de la redención realizada por Jesucristo. Además (como toda invención humana), no son mandados, ni necesarios, ni útiles, más aún, constituyen un fatigoso trabajo, peligroso y perjudicial y en vano, como dicen los profetas respecto a tales cultos divinos llamándolos aven, 54 esto es, trabajo fatigoso.
52. Son asociaciones de sacerdotes seculares que se llamaban canónigos. Hubo también canonisas, mujeres que vivían bajo un reglamento común, pero sin haber hecho el voto de castidad perpetua.
53. En el original: gestifte Ämpter und Orden. Aquí hemos traducido Ämpter por funciones. Orden parece referirse a «profesiones», «estados».
54. Cf. Zac. 10:2. Hab. 1:3. Is. 1:13, etc.