Sobre la Ley
Aquí consideramos que la ley ha sido dada por Dios, en primer término, [1] para colocar un freno al pecado con amenazas y por el temor al castigo y con promesas y ofrecimiento de otorgarnos su gracia y todo bien. Pero, a causa de la maldad que el pecado ha causado en el hombre, todo esto ha quedado malogrado. Algunos han llegado a ser peores y enemigos de la ley, porque [2] les prohíbe lo que quisieran hacer con gusto y les manda lo que les disgusta hacer. Por eso, en la medida en que el castigo no lo impida, cometen transgresión de la ley, más aún que antes. Tales son las personas groseras y malvadas que hacen el mal cuando tiene ocasión y lugar.
Otros llegan a ser ciegos y presuntuosos; piensan que observan la ley y [3] que la pueden observar por sus propias fuerzas, como antes se ha dicho respecto a los teólogos escolásticos. De aquí provienen los hipócritas y falsos santos.
La función80 principal o virtud81 de la ley es revelar el pecado original [4] con los frutos y todo lo demás y mostrar al hombre cuán profunda y abismalmente ha caído y está corrompida su naturaleza. Pues la ley le debe decir que no tiene a Dios ni lo venera, o que adora a dioses extraños, lo cual antes y sin ley no habría creído. Con ello el hombre se espanta, es humillado, se siente fracasado, desesperado; quisiera ser socorrido y no sabe dónde refugiarse; comienza a ser enemigo de Dios y a murmurar, etc. Es lo que dice [5] en el II capítulo de la Epístola a los Romanos: «La ley excita la cólera»,82 y en el capítulo 5 de la misma: «El pecado se abunda por la ley» (Ro. 5:20).
80. En el original: Ampt.
81. En el original: Kraft. En la traducción latina se coloca el término griego
.
82. Lutero cita erróneamente; se trata del versículo 15 del capítulo 4 de la Epístola a los Romanos.