Cómo Se Es Justificado Ante Dios y Sobre las Buenas Obras
Lo que he enseñado hasta ahora y sin cesar sobre este tema no sabría [1] cómo poder cambiarlo, es decir, que «por la fe» (como dice San Pedro en Hch. 15:9) recibimos un corazón distinto, nuevo, puro y que Dios, por causa de Cristo, nuestro mediador, quiere considerarnos y nos considera completamente justos y santos. Aunque el pecado en la carne no está totalmente borrado ni ha perecido, sin embargo, Dios no quiere tenerlo en cuenta ni saber de él.
Y tal fe, renovación y perdón de los pecados tienen como consecuencia [2] las buenas obras y lo que en ellas haya de pecaminoso o imperfecto, no debe ser contado como pecado o imperfección, precisamente por causa del mismo Cristo: Por lo contrario, el hombre debe ser considerado y será en su totalidad, tanto en su persona como en sus obras, justo y santo por la pura gracia y misericordia en Cristo, derramadas y extendidas abundantemente sobre nosotros. Por eso no nos podemos gloriar de mucho merecimiento por nuestras [3] obras cuando son consideradas sin la gracia y la misericordia; por lo contrario, como está escrito: «El que se gloría, gloríese en el SEÑOR» (1 Co. 1:31; 2 Co. 10:17), esto es, que tiene un Dios misericordioso.133 Entonces, todo saldrá bien. Agreguemos, que si la fe no tiene como consecuencia buenas obras, es falsa y en ningún caso verdadera.
133. En el original: … einen gnädigen Gott…. Hemos traducido por «un Dios misericordioso». La traducción latina dice: Deus propitium. Cabría también en castellano traducir «Dios propicio». Literalmente se refiere «al Dios que da o hace la gracia».