El Sacramento del Altar
Como un jefe de familia debe enseñarlo en forma muy sencilla a los de su casa.
¿Qué es el sacramento del altar? [1]
Es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo [2] bajo el pan y el vino, instituido por Cristo mismo para que los cristianos lo comamos y bebamos.
[3] ¿Dónde está escrito esto?
[4] Así escriben los santos evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, y también San Pablo: «Nuestro Señor Jesucristo, la noche en que fue entregado, tomó el pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dio a sus discípulos, diciendo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es dado. Haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, y habiendo dado gracias, la dio a ellos, diciendo: Tomad, y bebed de ella todos; esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros para remisión de los pecados. Haced esto, todas las veces que bebiereis, en memoria de mí».
[5] ¿Qué beneficios confiere el comer y beber así?
[6] Los beneficios los indican estas palabras: «por vosotros dado» y «por vosotros derramada para perdón de los pecados». O sea, por estas palabras se nos da en el sacramento perdón de pecados, vida y salvación; porque donde hay perdón de pecados, hay también vida y salvación.
[7] ¿Cómo puede el comer y beber corporal hacer una cosa tan grande?
[8] Ciertamente, el comer y beber no es lo que la hace, sino las palabras que están aquí escritas: «Por vosotros dado» y «por vosotros derramada para perdón de los pecados». Estas palabras son, junto con el comer y beber corporal, lo principal en el sacramento. Y el que cree dichas palabras, tiene lo que ellas dicen y expresan; eso es: «el perdón de los pecados».
[9] ¿Quién recibe este sacramento dignamente?
[10] El ayunar y prepararse corporalmente es, por cierto, un buen disciplinamiento externo; pero verdaderamente digno y bien preparado es aquel que tiene fe en las palabras: «por vosotros dado» y «por vosotros derramada para perdón de los pecados». Mas el que no cree estas palabras o duda de ellas, no es digno, ni está preparado; porque las palabras «por vosotros» exigen corazones enteramente creyentes.