Artículo V El Oficio de la Predicación
Para conseguir esta fe, Dios ha instituido el oficio de la predicación,25 [1] es decir, ha dado el evangelio y los sacramentos. Por medio de éstos, como [2] por instrumentos, él otorga el Espíritu Santo, quien obra la fe, donde y cuando le place, en quienes oyen el evangelio. Éste enseña que tenemos un Dios [3] lleno de gracia por el mérito de Cristo, y no por el nuestro, si así lo creemos.
Se condena a los anabaptistas y otros que enseñan que sin la palabra [4] externa del evangelio obtenemos el Espíritu Santo por disposición, pensamientos y obras propias.26
25. El texto de este artículo muestra que los reformadores no concebían el «oficio de la predicación» o el «ministerio» en términos clericales.
26. El nombre «anabaptista» comprende a numerosos y diversos sectarios de la época de la Reforma, que enseñaban que los niños no deben bautizarse hasta que lleguen a la edad de la razón. En este artículo, empero, se hace referencia a sus tendencias «espiritualistas», según las cuales el Espíritu Santo desciende sobre los hombres sin hacer uso de medios externos. Para recibir el Espíritu, según ellos, le es necesario al hombre «vaciarse». Tales enseñanzas eran propagadas por hombres como Sebastián Franck, Gaspar Schwenkfeld y Tomás Münzer.