Libro de Concordia
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Los Artículos de Esmalcalda Tercera Parte Índice
Los Artículos de Esmalcalda
Tercera Parte

De la Ordenación y Vocación

Si los obispos quisieran ser verdaderos obispos y tener preocupación [1] por la iglesia y el evangelio, se podría permitir, en virtud del amor y de la unión pero no por necesidad, que ordenaran y confirmaran a nosotros y a nuestros predicadores, dejando, no obstante, todas las mascaradas y fantasmagorías cuya esencia y pompa no son cristianas. Pero como no son ni [2] quieren ser verdaderos obispos, sino señores y príncipes mundanos que ni predican ni enseñan ni bautizan, ni dan la comunión ni quieren realizar ninguna obra o función127 de la iglesia y, además, persiguen y condenan a aquellos que cumplen tal función en virtud de su llamado, la iglesia no debe quedar sin servidores por causa de ellos.

Por eso, como los antiguos ejemplos de la iglesia y de los Padres nos enseñan, deseamos y estamos obligados nosotros mismos a ordenar a las personas aptas para tal función.128 Y esto los obispos no tienen que prohibírnoslo, ni impedirlo, ni siquiera de acuerdo a su propio derecho. Pues su derecho dice que los que son ordenados por herejes, deben ser considerados como ordenados y permanecer como tales.129 De la misma manera San Jerónimo escribe sobre la iglesia en Alejandría que en sus primeros tiempos carecía de obispos y que era gobernada por sacerdotes y predicadores en común.130

127. En el original: Ampt.

128. En el original: Ampt.

129. Cf. Decr. Grat. P. I., D. 68, c. 1; P. III, D. 4, c. 107.

130. Vid. nota 66.