Artículo X La Santa Cena
Quedó aprobado el artículo décimo,194 en el que confesamos creer que [1] en la cena del Señor están verdadera y substancialmente presentes el cuerpo y la sangre de Cristo, y que verdaderamente son ofrecidos con las especies visibles del pan y del vino a quienes reciben el sacramento. Esta posición la defendemos constantemente después de haber investigado y discutido este asunto con toda diligencia. Pues por cuanto Pablo dice (1 Co. 10:16), que el pan es la comunión del cuerpo de Cristo, etc., resultaría, en caso de que el cuerpo del Señor no estuviera verdaderamente presente, que el pan no es la comunión del cuerpo, sino tan sólo del espíritu de Cristo. Y sabemos a ciencia [2] cierta que no es sólo la Iglesia Romana la que afirma la presencia corporal de Cristo; lo mismo cree ahora y creyó antiguamente la Iglesia Griega. Lo demuestra el canon de la Misa que está en uso entre ellos. Allí, el sacerdote ruega con palabras claras y expresas que, al transformarse el pan, se transforme en el cuerpo de Cristo. Y el escritor Vulgario, a nuestro entender ningún tonto, dice claramente que el pan no es tan sólo una figura, sino que de veras se transforma en carne.195 Y hay una extensa exposición de Cirilo sobre Juan, [3] cap. 15, en la que enseña que en la santa cena, Cristo nos es ofrecido corporalmente. Esto es lo que dice: «Sin embargo, no negamos que somos unidos espiritualmente a Cristo mediante una fe verdadera y un amor sincero. Pero que no tengamos ninguna clase de comunicación con él según la carne, esto lo negamos rotundamente y decimos que esto es desde todo punto de vista ajeno a las Escrituras divinas. Porque, ¿quién puso jamás en dudas que Cristo también en este sentido es una vid, y nosotros los sarmientos, que de ella obtenemos vida para nosotros? Oye lo que dice Pablo (1 Cor. 10:17 y Gá. 3:28): ‘Todos somos un cuerpo en Cristo’, porque ‘aunque somos muchos, somos no obstante uno en él. Pues todos participamos de un solo pan’. ¿Acaso Pablo piensa que es desconocida para nosotros la virtud de la bendición mística? Y como esta bendición pues está en nosotros, ¿no hará también que Cristo habite en nosotros corporalmente por medio de la comunicación de la carne de Cristo?» Y poco después añade: «Se ha de considerar, pues, que Cristo está en nosotros, no sólo por un hábito al que llamamos amor sino [4] también por participación natural»,196 etc. Citamos estos pasajes, no para entablar una discusión sobre el asunto, pues Su Majestad Imperial no desaprueba este artículo, sino para que cuantos leyeren estas cosas vean con claridad aún mayor que nosotros defendemos la doctrina aceptada en toda la iglesia: Que en la cena del Señor están presentes verdadera y substancialmente el cuerpo y la sangre de Cristo y que son ofrecidos verdaderamente con las especies del pan y del vino. Y hablamos de la presencia del Cristo viviente; pues sabemos que «la muerte no se enseñorea más de él», (Ro. 6:9).
194. Confutatio, CR 27, col. 106 y sigte.: Decimus articulus in verbis nihil offendit, quia fatentur, in eucharistia post consecrationem legitime factam corpus et sanguinem Christi substantialiter et vere adesse, si modo credant, sub qualibet specie integrum Christum adesse, ut non minus si sanguis Christi sub specie panis per concomitantiam, quam est sub specie vini, et e diverso … Adiicitur unum tanquam ad illius confessionis articulum valde necessarium ut credant ecclesiae potius quam aliternonnullis male docentibus omnipotenti verbo Dei in consecratione eucharistiae substantiam panis in corpus Christi mutari. Ita enim in concilio generali diffinitum est. («Tal como suenan las palabras, el artículo décimo no tiene nada de lesivo [para la doctrina de la Iglesia Romana]. En efecto: Ellos confiesan que en la eucaristía después de la consagración legítimamente hecha, el cuerpo y la sangre de Cristo están presentes sustancial y verdaderamente—siempre que crean que el Cristo íntegro está presenta bajo cualquiera de las dos espacies, de modo que la sangre de Cristo está presente bajo la especie del pan, por concomitancia, no menos que bajo la especie del vino, y viceversa. Por otra parte, hemos de añadir a este artículo de la confesión algo muy necesario, a saber, que crean a la iglesia—antes que a cualquiera que enseña perniciosos errores—que por la omnipotente palabra de Dios, en la consagración de la eucaristía la substancia del pan es mudada en el cuerpo de Cristo. Pues así quedó definido en el concilio general».) El concilio general mencionado es el Concilio Lateranense de 1215 (IV. Concilio de Letrán).
195. Teofilacto, siglo XI, arzobispo de Acrida, Bulgaria (de ahí «Vulgarius»), y teólogo destacado de la iglesia bizantina. Comm. in ev. Marci 14, 22, MSG 123, 649D. Melanchton ya citó este texto en un escrito contra los teólogos suizos. Lo de scriptor ut nobis videtur non stultus («es autor que no nos parece nada tonto») va dirigido contra la réplica de Ecolampadio.
196. Cirilo de Alejandría, fallecido en 444. Patriarca de Alejandría. In Joh. lib. X, 2, MSG 74, 341 A/B.D.