Libro de Concordia
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La Fórmula de Concordia, Epítome Índice
La Fórmula de Concordia, Epítome

III. La Justicia Ante Dios que Proviene de la Fe

EL ASUNTO EN CONTROVERSIA

El asunto principal en esta controversia: Puesto que en nuestras iglesias [1] se confiesa en forma unánime, de acuerdo con la palabra de Dios y lo expuesto en la Confesión de Augsburgo, que nosotros, pobres pecadores, somos justificados y salvados ante Dios únicamente por medio de la fe en Cristo, y que así, nuestra justicia es Cristo solo, quien es verdadero Dios y hombre, por cuanto en él están unidas personalmente la naturaleza divina y la humana (Jer. 23:6; 1 Co. 1:30; 2 Co. 5:21), surgió la siguiente pregunta: «¿Según qué naturaleza es Cristo nuestra justicia?», y como consecuencia se originaron en nuestras iglesias dos errores opuestos entre sí.

Pues cierta facción sostuvo que Cristo es nuestra justicia únicamente [2] según su divinidad, si él mora en nosotros por la fe. Comparados con esta divinidad que mora en nosotros por la fe, los pecados de todos los hombres han de considerarse como una gota de agua en comparación con el gran océano. La otra facción, por el contrario, sostuvo que Cristo es nuestra justicia ante Dios únicamente según su naturaleza humana.

AFIRMATIVA27

La doctrina pura de las iglesias cristianas, confrontada con los dos errores que acaban de mencionarse

1. En contra de los dos errores que acaban de mencionarse, creemos, [3] enseñamos y confesamos en forma unánime que Cristo es nuestra justicia no únicamente según su naturaleza divina, ni tampoco según su naturaleza humana únicamente. Antes bien, nuestra justicia es el Cristo entero según las dos naturalezas, y lo es exclusivamente por su obediencia, la que él, como Dios y hombre, rindió al Padre hasta la muerte; y con esta obediencia él obtuvo para nosotros el perdón de los pecados y la vida eterna, como está escrito: «Así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos», Romanos 5:19.

[4] 2. Por consiguiente, creemos, enseñamos y confesamos que nuestra justicia ante Dios consiste en que Dios perdona nuestros pecados de pura gracia, sin ninguna obra, mérito o dignidad de parte nuestra, ya sean precedentes, presentes o subsecuentes; que él nos da y atribuye la justicia resultante de la obediencia de Cristo; y que por causa de esta justicia somos recibidos por Dios en la gracia y considerados justos.

[5] 3. Creemos, enseñamos y confesamos que la fe sola es el medio o instrumento por el cual nos asimos de Cristo; y al asirnos de él, nos asimos de la justicia que vale ante Dios.28 Así, pues, por causa de Cristo esta fe nos es contada por justicia, Romanos 4:5.

[6] 4. Creemos, enseñamos y confesamos que esta fe no es un simple tener noción de la historia de Cristo, sino que es un gran don de Dios, por medio del cual llegamos al correcto conocimiento de Cristo como nuestro Redentor, a base de lo que de él nos dice el evangelio, y a depositar en él la confianza de que únicamente por causa de su obediencia, por la gracia, tenemos el perdón de los pecados y somos considerados santos y justos por parte de Dios el Padre, y salvos eternamente.

[7] 5. Creemos, enseñamos y confesamos que conforme al uso idiomàtico de la Escritura, la palabra justificar significa en este artículo absolver, esto es, declarar libre de pecados. Proverbios 17:15: «El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová»; y Romanos 8:33: «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica».

Y cuando en lugar de la palabra justificación se emplean las palabras [8] regeneración y vivificación, como en la Apología, esto se hace en el mismo sentido. En otros contextos, en cambio, estos términos hacen referencia a la renovación del hombre, a diferencia de la justificación por la fe.

6. Creemos, enseñamos y confesamos, además, que si bien los que [9] profesan la fe genuina y han sido en verdad regenerados, se ven afectados aún por muchas debilidades y defectos, hasta el momento mismo de su muerte, sin embargo, no por ello deben dudar de la justicia que se les ha imputado mediante la fe, ni de la salvación de sus almas, sino que deben estar en la completa seguridad de que por causa de Cristo tienen un Dios misericordioso, pues así lo afirman la promesa y la palabra del santo evangelio.

7. Creemos, enseñamos y confesamos que a fin de preservar la doctrina [10] pura acerca de la justificación por fe ante Dios, es necesario prestar atención especial a las partículas excluyentes, esto es, a ciertas expresiones usadas por el apóstol San Pablo, mediante las cuales se establece una separación completa entre el mérito de Cristo y nuestras obras y se le da toda la gloria a Cristo. Estas partículas son las siguientes: «De gracia», «sin mérito», «sin la ley», «sin obras», «no por obras». Todas estas expresiones significan una y la misma cosa: Que somos justificados y salvos sólo por medio de la fe en Cristo29 (Ef. 2:8; Ro. 1:17; 3:24; 4:3 y sigtes.; Gá. 3:11; He. 11).

8. Creemos, enseñamos y confesamos que si bien la contrición que [11] precede a la fe, y las buenas obras que la siguen, no pertenecen al artículo de la justificación ante Dios, sin embargo, nadie debe imaginarse una fe que pueda existir y permanecer junto con y además de una mala intención de pecar y obrar en contra de la conciencia. Al contrario: Una vez que el hombre ha sido justificado por la fe, esta fe verdadera y viva obra por el amor, Gálatas 5:6, de modo que así, la fe justificadora siempre va seguida y acompañada de buenas obras, si en realidad es una fe verdadera y viva; pues nunca existe sola, sino en unión con el amor y la esperanza.

NEGATIVA

Rechazamiento de las doctrinas contrarias

Por lo tanto, rechazamos y condenamos todos los errores siguientes: [12]

1. Que Cristo es nuestra justicia según su naturaleza divina únicamente. [13]

[14] 2. Que Cristo es nuestra justicia según su naturaleza humana únicamente.

[15] 3. Que cuando en los escritos de los apóstoles y profetas se habla de la justicia de la fe, las expresiones justificar y ser justificado no quieren decir «declarar o ser declarado libre de pecados» y «obtener el perdón de los pecados», sino que en realidad quieren decir: Ser hecho justo ante Dios por causa del amor y la virtud infundidos por el Espíritu Santo, y de las obras que de ellos emanan.

[16] 4. Que la fe tiene puesta su mira no sólo en la obediencia de Cristo, sino en su naturaleza divina, en cuanto que ésta habita y obra en nosotros; y que por esta inhabitación del Espíritu en el corazón son cubiertos nuestros pecados.

[17] 5. Que la fe es una confianza tal en la obediencia de Cristo que puede existir y permanecer en el hombre aun cuando éste carece de verdadero arrepentimiento y tampoco evidencia frutos del amor, sino que persiste en pecar aun en contra de su propia conciencia.

[18] 6. Que no es Dios mismo quien habita en los creyentes, sino sólo los dones de Dios.

[19] 7. Que la razón por la cual la fe obra salvación es el hecho de que por medio de ella comienza en nosotros la renovación, que consiste en amor a Dios y al prójimo.

[20] 8. Que la fe ocupa el primer lugar en la justificación, pero que también la renovación y el amor pertenecen a la justicia ante Dios, en el sentido de que si bien esta renovación y este amor no son la causa principal de nuestra justicia, sin ellos nuestra justicia ante Dios no es completa o perfecta.

[21] 9. Que la justificación de los creyentes ante Dios, y su salvación, se producen por la justicia imputada de Cristo en unión con la nueva obediencia empezada en ellos; en parte por la imputación de la justicia de Cristo y en otra parte por la nueva obediencia empezada en ellos.

[22] 10. Que la promesa de gracia viene a ser nuestra mediante la fe que tenemos en el corazón, y mediante la confesión que hacemos con la boca, y mediante otras virtudes.

[23] 11. Que la fe no justifica sin las buenas obras, de modo que las buenas obras son absolutamente necesarias para recibir la justicia, y sin la presencia de ellas el hombre no puede ser justificado.

27. O: «de la iglesia cristiana». En el original: der christlichen Kirchen. Cf. BSLK IX, III, respecto de la flexion en el alto alemán de fines del siglo XV hasta mediados del siglo XVII («Fröhneuhochdeutsch»). Texto lat.: piarum ecclesiarum.

28. Ro. 1:17; 2 Co. 5:21. Tradujimos del original alemán: Gerechtigkeit, die vor Gott gilt. Texto lat.: iustitiam illam, quae coram iudicio Dei consistere potest. (Aquella justicia que puede permanecer en pie ante el juicio de Dios.) El texto alemán es la controvertida interpretación que Lutero da en su traducción de la Biblia a la expresión griega dikaiosýne Theoū («justicia de Dios»). Un análisis valioso, que pone la cuestión al alcance también de los que no son especialistas en materia del Nuevo Testamento, es el que ofrece Otto Etzold en Gehorsam des Glaubens, Die Botschaft des Römerbriefes an die heutige Christenheit, C. Bertelsmann Verlag, Gütersloh, 2° ed. revisada, 1951, p. 29 ss.—Erdmann Schott («Christus und die Rechtfertigung allein durch den Glauben in Luthers Schmalkaldischen Artikeln», en Zeitschrift für Systematische Theologie, vol. 22, 1953, p. 195) hace el siguiente comentario acerca de la traducción de Lutero: «Mit Bedacht übersetzt Luther die paulinische Dikaiosyne Theou mit Gerechtigkeit, die vor Gott gilt. Auf die Geltung kommt es ihm an» («Deliberadamente, Lutero traduce la D.Th. paulina con ‘justicia que vale ante Dios’. Lo que él quiere hacer resaltar es precisamente el valor»). Franz Pieper discute y defiende la interpretación de Lutero en una extensa nota: Christliche Dogmatik, Editorial Concordia, San Luis, Misuri, 1917, vol. II, pp. 649–650, nota 1519. Para un estudio católico romano reciente del texto en cuestión vid. p. ej. Karl Kertelge, «Rechtfertigung» bei Paulus, Münster, 1967, pp. 99–107.

29. Allein durch del Glauben es la traducción de Lutero de Ro. 3:28. Com. Versión Dios Habla Hoy, Ro. 3:28: «Así llegamos a esta conclusión: que Dios declara libre de culpa al hombre por la fe sin exigirle cumplir con la ley».—Vid. Decl. Sól. III, secc. 29, nota 166.