XII. Otras Facciones y Sectas que Nunca Aceptaron la Confesión de Augsburgo
[1] Hay ciertas sectas y facciones que nunca se adhirieron a la Confesión de Augsburgo y que no se mencionan expresamente en esta nuestra exposición, tales como los anabaptistas, schwenckfeldianos, neoarrianos y antitrinitarios. [2] Sus errores han sido condenados unánimemente por todas las iglesias que profesan la Confesión de Augsburgo. En esta exposición prescindimos de mencionarlos particular y especialmente. La razón es que por esta vez nuestro único propósito fue el de refutar ante todo las calumnias de nuestros adversarios, los papistas.394
[3] Nuestros adversarios alegaron descaradamente, difamando por todo el mundo a nuestras iglesias y a los maestros de la misma, que no existen dos predicadores que concuerden en todos y cada uno de los artículos de la Confesión de Augsburgo, sino que están tan desunidos y separados entre sí que ya ni ellos mismos saben qué es la Confesión de Augsburgo y su sentido [4] propio y real. Por esto no hemos querido limitamos a hacer una confesión común con unas pocas palabras o nombres (firmas de nuestros nombres) solamente, sino que antes bien, hemos querido presentar una declaración cabal, clara y detallada acerca de todos los artículos que fueron motivo de discusión y controversia entre los teólogos adherentes a la Confesión de Augsburgo [5] exclusivamente. Y esto lo hicimos con el fin de que cada cual pudiera entender que no hemos querido ocultar o encubrir maliciosamente todas estas [6] cosas (estas controversias y falsas opiniones) o llegar a un acuerdo sólo aparente, sino que nuestra voluntad ha sido remediar a fondo esa cuestión y manifestar nuestra opinión al respecto de una manera tal que aun nuestros adversarios mismos se viesen obligados a reconocer que en todo ello permanecemos en el sentido correcto, sencillo, natural y propio de la Confesión de Augsburgo. Y por cierto es nuestro ferviente deseo permanecer firmes en ella, mediante la gracia de Dios, hasta nuestro fin; y en cuanto de nuestro servicio depende, no consentiremos ni toleraremos calladamente que algo contrario al sentido propio y real de la Confesión de Augsburgo sea introducido en nuestras iglesias y escuelas en las cuales el omnipotente Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo nos ha puesto por maestros y pastores.
[7] Pero para que no se nos achaquen tácitamente los errores condenados de las antes mencionadas facciones y sectas—errores que, según la usanza [8] de tales espíritus, se infiltraron mayormente en aquellos lugares y tiempos donde no se daba lugar a la palabra pura del santo evangelio, sino que se perseguía a todos los sinceros maestros y confesores del mismo; donde aún reinaban las densas tinieblas del papado; donde la gente pobre y sencilla, que no podía menos que ver la manifiesta idolatría y doctrina falsa del papado—en su ingenuidad aceptaba, por desgracia, todo cuanto llevaba el nombre de evangelio y no era papista395—para que los tales errores no se nos achaquen, no hemos podido abstenemos de testificar contra ellos también públicamente, ante toda la cristiandad, afirmando que no tenemos participación ni comunidad con estos errores, ya fuesen muchos o pocos, sino que los rechazamos y condenamos en su totalidad como falsos y heréticos, contrarios tanto a los escritos de los santos profetas y apóstoles como también a nuestra cristiana Confesión de Augsburgo, sólidamente fundada en la palabra de Dios.
Artículos erróneos de los anabaptistas
Rechazamos y condenamos la doctrina errónea y herética de los anabaptistas, [9] que no puede ser tolerada ni en la iglesia ni en el orden público ni en el privado; ellos enseñan que
1. Nuestra justicia ante Dios se basa no meramente en la sola obediencia [10] y mérito de Cristo, sino en nuestra renovación y en nuestra propia piedad en la cual andamos ante Dios; y esta piedad o justicia los anabaptistas la fundan mayormente sobre sus propias ordenanzas peculiares y sobre una espiritualidad elegida por ellos mismos, como sobre una especie de nueva monjería.
2. Los niños no bautizados ante Dios no son pecadores, sino justos e [11] inocentes, y en esa su inocencia se salvan sin bautismo, del cual no han menester. De tal suerte, los anabaptistas niegan y rechazan la doctrina entera respecto del pecado original, y lo que con ella se relaciona.
3. Los niños deben ser bautizados no antes de haber alcanzado el uso [12] de la razón y de poder confesar ellos mismos su fe.
4. Los hijos de los fieles, por haber nacido de padres cristianos y creyentes, [13] son santos e hijos de Dios aun sin bautismo y antes de él—razón por la cual los anabaptistas ni aprecian debidamente ni favorecen el bautismo de los párvulos, contrariamente a las expresas palabras de la promesa, que rigen solamente para aquellos que guardan el pacto de Dios y no lo desprecian (Gn. 17:4–8; 19–21).
[14] 5. Aquella congregación en que todavía se hallan pecadores, no es una verdadera congregación cristiana.
[15] 6. No se debe escuchar ni presentar un sermón en templos en que anteriormente se decían misas papales.
[16] 7. No se debe tener trato con los ministros que predican el evangelio en acuerdo con la Confesión de Augsburgo y que censuran los errores de los anabaptistas; tampoco se les debe prestar servicio ni hacer para ellos trabajo alguno, sino que deben ser esquivados y evitados como a falseadores de la palabra divina.
[17] 8. En el Nuevo Testamento, el gobierno civil no es un estado acepto a Dios.
[18] 9. Un cristiano no puede desempeñar con conciencia limpia e ilesa un cargo en el gobierno civil.
[19] 10. Un cristiano no puede usar con conciencia ilesa el cargo de magistrado en contra de los malvados, si las circunstancias así lo requieren, ni pueden los súbditos apelar a la fuerza pública.
[20] 11. Un cristiano no puede, con buena conciencia, prestar juramento ante los tribunales, ni puede emplear el juramento para expresar su fidelidad a su príncipe o soberano hereditario.
[21] 12. El gobierno civil no puede aplicar con conciencia ilesa la pena capital a los malhechores.
[22] 13. Un cristiano no puede, con buena conciencia, tener en su poder o poseer propiedad, sino que tiene la obligación de entregarla al erario común de la congregación.
[23] 14. Un cristiano no puede ejercer con buena conciencia el oficio de posadero, comerciante o cuchillero.
[24] 15. Los esposos tienen el derecho de divorciarse a causa de la fe (por diversidad de religión); una parte puede abandonar a la otra y contraer enlace con una persona de su mismo credo.
[25] 16. Cristo no asumió su carne y sangre de la virgen María, sino que la trajo consigo desde el cielo.
[26] 17. Cristo tampoco es Dios verdadero y esencial, sino que sólo tiene más y mayores dones y gloria que otros hombres.
[27] Hay entre los anabaptistas otros artículos más de índole similar; pues están divididos entre sí en muchos bandos (sectas), de los cuales uno tiene más, el otro menos errores; por lo que toda su secta no es en realidad otra cosa que una nueva clase de monjería.
Artículos erróneos de los schwenckfeldianos
[28] Rechazamos y condenamos también los errores de los schwenckfeldianos, quienes enseñan que
1. Todos aquellos que creen que Cristo según la carne, o su asumida naturaleza [29] humana, es una criatura, carecen del conocimiento del Cristo Rey de los cielos. Mediante la exaltación, la carne de Cristo asumió todas las propiedades divinas de un modo tal que en poderío, fuerza, majestad y gloria, él es igual al Padre y al Verbo eterno en todo respecto, en grado y posición de esencia, de manera que la esencia, propiedades, voluntad y gloria de las dos naturalezas en Cristo son las mismas. La carne de Cristo pertenece a la esencia de la Santa Trinidad.
2. El ministerio eclesiástico, esto es, la palabra predicada y oída, no es [30] un medio con que Dios el Espíritu Santo enseña a los hombres y obra en ellos el conocimiento salvador de Cristo, la conversión, arrepentimiento, fe y nueva obediencia.
3. El agua bautismal no es un medio con que el Señor sella la adopción [31] de hijos y efectúa la regeneración.
4. El pan y el vino en la santa cena no son medios con que Cristo distribuye [32] su cuerpo y sangre.
5. Un cristiano verdaderamente regenerado por el Espíritu de Dios [33] puede, en esta vida presente, guardar y cumplir a perfección la ley divina.
6. No es una verdadera congregación cristiana aquella en que no está en [34] vigor la excomunión pública o no se observa el procedimiento acostumbrado de la excomunión.
7. El ministro de la iglesia que por su parte no es en verdad renovado, [35] justo y piadoso, no puede enseñar con provecho a otros ni puede administrar los sacramentos correcta y verdaderamente.
Artículos erróneos de los nuevos arrianos396
Rechazamos y condenamos el error de los nuevos arrianos los cuales [36] enseñan que Cristo no es Dios verdadero, esencial y natural, de una esencia eterna y divina con Dios el Padre, sino sólo adornado con divina majestad inferior a y junto al Padre.
Artículos erróneos de los nuevos antitrinitarios397
[37] 1. Algunos antitrinitarios rechazaron y condenaron los antiguos, aprobados símbolos, el Credo Niceno y el de Atanasio, ambos en cuanto a su contenido y terminología, y en su lugar enseñan que no hay una esencia eterna y divina en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sino que hay tres personas distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y por esto cada persona tiene su propia esencia separada de las otras dos. Algunos enseñan que las tres personas en la Trinidad, así como cuales quiera otras tres distintas y esencialmente separadas personas humanas, tienen el mismo poder, sabiduría, majestad y gloria, mientras otros enseñan que las tres personas en la Trinidad no son iguales en su esencia y sus propiedades.
[38] 2. Que sólo el Padre es genuinamente y verdaderamente Dios.398
[39] Todos estos artículos y otros similares, y cualquier cosa que se deriva de ellos o los sigue, nosotros rechazamos y condenamos como falsos, erróneos, heréticos, contrarios a la palabra de Dios, a los tres credos, a la Confesión de Augsburgo y la Apología, a los Artículos de Esmalcalda, a los Catecismos de Lutero. Todos los cristianos piadosos han de y deben eludir éstos con el mismo afán con que aman el bienestar de sus almas y su salvación.
[40] Por esto, en la presencia de Dios y de toda la cristiandad, entre nuestros contemporáneos y nuestra posteridad, deseamos testificar que la presente explicación de los artículos ya controvertidos y aquí explicados, y ninguna otra, es nuestra enseñanza, nuestra creencia y nuestra confesión mediante la cual, por la gracia de Dios, apareceremos con corazones intrépidos ante el tribunal de nuestro Señor Jesucristo y por la cual daremos cuenta. No hablaremos, ni escribiremos nada, privada o públicamente, contrario a esta confesión, pero sí intentamos, por la gracia de Dios, atenernos a ella. En vista de esto hemos, deliberadamente, en temor de Dios e invocándolo a él, subscrito nuestros nombres con nuestras propias manos.
Dr. Jaime Andrae, susbcribió
Dr. Nicolás Selnecker, subscribió
Dr. Andrés Musculus, subscribió
Dr. Cristóbal Koerner, subscribió
David Chytraeus
Dr. Martín Chemnitz
394. Texto lat.: Noluimus autem de illis erroribus in hoc scripto, nisi incidenter, agere, propterae quod hoc tempore scopum ilium praefixum habuerimus, ut potissimum adversariorum pontificiorum calumnias refutaremus. («Sin embargo, en este escrito no queríamos tratar aquellos errores sino de paso, ya que en aquel tiempo nos habíamos fijado como objetivo el refutar ante todo las calumnias de los antagonistas papales»).
395. La traducción latina añade: Quorum malorum pontificia tyrannis, quae sinceram doctrinam persequitur, vel praecipua causa est («todo lo cual son males cuya causa principal es sin duda la tiranía papal que persigue la doctrina pura»).
396. Además de la literatura mencionada en BSLK, p. 1089, nota 4, vid. Concordia Triglotta, Historical Introductions, pp. 233–235; P. Wrzecionko, «Vernunft und Wahrheit in Denken der Sozinianer und der altprotestantischen Orthodoxie («Razón y verdad en el raciocinio de los socinianos y de la ortodoxia vetero-protestante») en Neue Zeitschrift für systematische Theologie und Religionsphilosophie (vol. 14, 1972, pp. 172–196), y la bibliografía de ese ensayo, especialmente la de las notas 3, 9 y 10. Como grupos que tienen afinidad con el socinianismo (designación derivada del nombre de Fausto Socino o Sozzini, reformador religioso italiano, 1537/39–1604), Wrzecionko registra además a los siguientes: ecclesia minor (a diferencia de la ecclesia major, que sería la reformada), antitrinitarios o unitarios, arrianos, hermanos poloneses y (ocasionalmente) cristianos. De interés especial de este artículo es lo que se dice en cuanto a la función hermenéutica de la compresión de «persona» en la doctrina de la Trinidad (p. 184): Los socinianos aplican el concepto «persona» (substantia completa singularis intelligens, cf. A. Wiszowaty, Religio rationalis, 1685, ed. de Z. Ogonowski, Varsovia, 1960, p. 22) sin más ni más a la Trinidad, en lugar de aplicarlo solamente a la subsistentia de las tres personas; y así llegan a la conclusión de que Dios sólo puede ser «una persona». (La ortodoxia protestante en cambio—así comenta el autor, remitiendo a Selneccer, Institutio, I, 76—aplica su definición de «persona» a la «subsistentia», mas no a la esencia de las personas de la Trinidad, la incommunicabilitas.
397. De acuerdo con la sección 37, los «nuevos antitrinitarios» son trinteístas. BSLK (p. 1099, nota 1) cita a Matteo Gribaldo y G. V. Gentile. Cf. Epítome XII, 29: Das ist gar eine neue Sekten, zuvorn in der Christenheit nicht erhöret («Esta es una secta enteramente nueva, que antes no se conocía en la cristiandad»).
398. La cuestión planteada en FC XII, 37 y 38 aparece en Johann Gerhard (Loci Theologici I, 194) en forma de una hipótesis con una alternativa lógica: Si alia fores essentia patris, alia filii, alia spiritus S., utique alterutrum sequeretur, scil, vel non esse unum verum Deum, vel filium et spiritum s. a vera Deitate excludi («Si una fuese la esencia del Padre, otra la del Hijo, y otra la del Espíritu Santo, evidentemente se produciría una de dos: o no habría un solo Dios verdadero, o el Hijo y el Espíritu Santo quedarían excluidos de la verdadera Divinidad»).