Libro de Concordia
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Los Artículos de Esmalcalda Tercera Parte Índice
Los Artículos de Esmalcalda
Tercera Parte

Sobre la Confesión

Ya que la absolución o poder de las llaves, instituido por Cristo en el [1] evangelio, también constituye una ayuda y consuelo contra el pecado y la mala conciencia, así la confesión o absolución no debe caer en desuso en la iglesia, especialmente por las conciencias débiles y también por el pueblo joven e inculto para que sea examinado e instruido en la doctrina cristiana.

La enumeración de los pecados, sin embargo, debe quedar librada al [2] criterio de cada cual, es decir, lo que quiera contar o no. Pues mientras estemos en la carne, no mentiremos si decimos: «Yo soy un pobre hombre lleno de pecados», como dice en Romanos 7: «Yo siento otra ley en mis miembros», etcétera (Ro. 7:23). En efecto, ya que la absolución privada tiene su origen en el oficio de las llaves, no debe despreciársela, sino tenerla en alta estima y valor como todos los otros oficios de la iglesia cristiana.122 Y en estas cosas [3] que conciernen a la palabra oral, exterior, hay que mantenerse firmes en el sentido de que Dios no da a nadie su gracia o su espíritu si no es con o por la palabra previa y exterior, de modo que estemos prevenidos frente a los entusiastas, esto es, espíritus fanáticos123 que se jactan de tener el espíritu sin y antes de la palabra y después juzgan, interpretan y entienden la Escritura o la palabra externa según su deseo, como lo hizo Münzer y muchos más lo hacen aún hoy día, los cuales quieren ser jueces severos que distinguen entre [4] el espíritu y la letra y no saben lo que dicen o enseñan. En efecto, el papado es también puro entusiasmo, en el cual el papa se gloría de que «todos los derechos están en el escriño de su pecho»124 y lo que él con su iglesia juzga y ordena, debe ser considerado como espíritu y justo, aunque esté sobre y [5] contra la Escritura y la palabra externa. Todo esto es el diablo o la antigua serpiente que hizo a Adán y Eva entusiastas, que los llevó de la palabra [6] externa de Dios a una falsa espiritualidad125 y a opiniones propias. No obstante, lo hizo, también mediante palabras externas, pero de otra índole, de la misma forma como nuestros entusiastas condenan la palabra externa, pero ellos mismos no callan, sino que llenan el mundo entero de sus habladurías y escriben, precisamente como si el espíritu no pudiera venir mediante la Escritura o la palabra externa de los apóstoles, sino que debiese venir mediante los escritos y palabras de ellos. Por este motivo, ¿por qué no se abstienen tampoco de predicar y escribir, hasta que el espíritu mismo venga a la gente sin y antes de sus escritos, puesto que ellos se jactan de que el espíritu ha venido hacia ellos sin la predicación de la Escritura? Pero no es el momento de continuar aquí esta discusión; ya hemos tratado suficientemente de ella.

[7] Esos mismos que tienen la fe antes del bautismo o en el momento del bautismo, tienen la fe por la palabra exterior y previa, como los adultos que han llegado a la edad de la razón y que deben haber escuchado antes que «el que creyere y fuere bautizado, será salvo» (Mr. 16:16), no importa que primero sean incrédulos y que recién después de diez años reciban el espíritu y el [8] bautismo. Comelio, según se lee en el capítulo 10 de los Hechos de los Apóstoles, había escuchado mucho antes entre los judíos sobre el Mesías venidero. En esta fe él fue justo ante Dios y sus oraciones y limosnas agradables (así como lo llama Lucas «justo y temeroso de Dios»—Hch. 10:2 y 22); y sin tal palabra o escuchar previos no habría podido creer ni ser justo. Sin embargo, tuvo que revelarle San Pedro que el Mesías (en cuya venida futura él había creído) había llegado entonces y su fe en el Mesías futuro no lo tuvo cautivo entre los judíos endurecidos e incrédulos; por lo contrario, sabía que debía ser salvo por el Mesías presente, y no negarlo, ni perseguirlo con los judíos, etcétera.

[9] En resumen: El entusiasmo reside en Adán y sus hijos desde el comienzo hasta el fin del mundo, infundido en ellos e inyectado como veneno por el viejo dragón (Ap. 12:9) y constituye el origen, la fuerza y el poder de todas las herejías y también del papado y del islamismo. Por eso debemos y tenemos [10] que perseverar con insistencia en que Dios sólo quiere relacionarse con nosotros los hombres mediante su palabra externa y por los sacramentos únicamente. Todo lo que se diga jactanciosamente del espíritu sin tal palabra [11] y sacramentos, es del diablo. En efecto, Dios quiso aparecer a Moisés mediante la zarza ardiente y la palabra oral (Ex. 3:2 y 4 y sigtes). Y ningún profeta, ni Elias ni Elíseo recibieron el espíritu fuera o sin los diez mandamientos. Y Juan el Bautista no fue concebido sin la palabra previa de [12] Gabriel (Lc. 1:13-20), ni saltó en el seno de su madre sin la voz de María (Lc. 1:41-44). Y San Pedro dice: «Los profetas no profetizaron ‘por voluntad [13] humana’ sino por ‘el Espíritu Santo’, mas como ‘santos hombres de Dios’» (2 P. 1:21). Ahora bien, sin la palabra externa no habrían sido santos y mucho menos los habría impulsado el Espíritu Santo a hablar cuando aún no eran santos. En efecto, dice el apóstol, eran santos en el momento en que el Espíritu Santo hablaba a través de ellos.

122. En el original: ämpter der christlichen Kirchen.

123. En el original: Enthusiasten. También dice Lutero a veces Rottengeister o Schwärmer. Vid. nota 110.

124. En el texto: Alle Recte sind im Schrein seines Herzens. Es una cita textual del Corpus de derecho canónigo: Poníifex, qui jura onmia in scrinio pectoris sui censetur habere. Líber Sextus I, 2 c. 1.

125. En el original: Geisterei corresponde a Schwarmgeisterei; por eso hemos traducido por «falsa espiritualidad»; también podría decirse «espiritualidad entusiasta» o «espiritualidad fanática».