La Tercera Petición
«Que se haga tu voluntad, así en el cielo, [59] como también en la tierra»179
Hasta ahora hemos orado porque su nombre sea honrado por nosotros y [60] porque su reino se extienda entre nosotros. En estas dos cosas está totalmente comprendido lo que atañe al honor de Dios y a nuestra salvación, es decir, que recibamos como cosa propia a Dios con sus bienes. Pero, en este caso existe la gran necesidad de que firmemente retengamos estas cosas y que no nos dejemos apartar de ellas. Pues, así como un buen régimen no debe hacer [61] solamente hombres que edifiquen y gobiernen bien, sino también otros que defiendan, protejan y vigilen con diligencia, lo mismo sucede también aquí; habiendo pedido por lo más necesario, es decir, el evangelio, la fe y el Espíritu Santo para que nos dirija y nos libere del poder del diablo,180 también hemos de pedir que se haga su voluntad. Acontecerá algo muy extraño si debemos permanecer en ello; o sea, tendremos que padecer muchos ataques y golpes por parte de todos aquellos que tratan de resistir y dificultar los dos artículos precedentes.
Pues nadie cree que181 el diablo se oponga y se resista a ello. No puede [62] tolerar que alguien enseñe o crea rectamente. Le duele sobremanera que tenga que permitir que se revelen sus mentiras y abominaciones, honradas bajo la más bella apariencia del nombre divino y que él se cubra de vergüenza. Además, será expulsado del corazón y ha de admitir que se abra semejante brecha en su reino. Por esto, se agita y se enfurece como enemigo encolerizado con todo su poder y fuerza. Se alía de todo lo que está debajo de él, llamando [63] en su ayuda al mundo entero y a nuestra propia carne, pues nuestra carne de por sí es ruin y se inclina hacia lo malo, aunque hayamos aceptado la palabra de Dios y la fe. Pero el mundo es perverso y malo. El diablo azuza, instiga y atiza para impedirnos, repelernos, abatirnos y volver a someternos a su poder. Esta es toda su voluntad, su propósito y su pensamiento. Lo persigue [64] día y noche sin darse descanso ni un instante, usando todas sus artimañas, su perfidia, sus modos y caminos que él siempre puede imaginar.
En consecuencia, si queremos ser cristianos, hemos de prepararnos y [65] acostumbrarnos a la idea de que tenemos por enemigo al diablo con todos sus ángeles182 y al mundo que nos infligen toda clase de desgracias y padecimientos. Allí donde la palabra de Dios es predicada, aceptada o creída y da frutos, no faltará la bienamada santa cruz. Nadie debe pensar que tendrá paz, sino que ha de sacrificar cuanto posee en la tierra: Bienes, honor, casa [66] y hacienda, mujer e hijos, cuerpo y vida. Esto le duele a nuestra carne y al viejo Adán, puesto que la consigna es perseverar y con paciencia padecer los [67] ataques y abandonar lo que nos quitan. Por lo tanto, es tan necesario, como en todos los demás artículos, que pidamos sin cesar: «Amado Padre, hágase tu voluntad; no la del diablo y la de nuestros enemigos y de todo lo que quiere perseguir y destruir tu santa palabra o impedir tu reino. Concédenos que soportemos con paciencia cuanto tenemos que sufrir por ello y lo sobrellevemos, para que nuestra pobre carne no ceda ni desfallezca por debilidad o pereza».
[68] Mira, de esta manera, en estas tres peticiones, tenemos en la forma más simple la necesidad en cuanto concierne a Dios mismo. No obstante, lo que pedimos es todo por causa nuestra, pues se trata solamente de nosotros, a saber, como queda dicho, que también se efectúe en nosotros lo que de otro modo se debe efectuar fuera de nosotros. Como también sin nuestras peticiones, se santificará su nombre y vendrá su reino, así se hará también su voluntad y se impondrá, aunque el diablo con todos sus adictos vociferen fuertemente contra ello, se encolericen y se agiten y traten de extirpar del todo el evangelio. Pero, por nosotros hemos de rogar que, pese al furor de ellos, la voluntad de Dios impere libremente entre nosotros para que nada puedan lograr y para que nosotros nos mantengamos firmes contra toda violencia y persecución y nos sometamos a la voluntad de Dios.
[69] Esta oración será ahora nuestra protección y defensa para rebatir y desbaratar todo cuanto puedan tramar contra nuestro evangelio el diablo, los obispos, los tiranos y los herejes. ¡Que todos se enojen y hagan el mayor esfuerzo, deliberen y resuelvan cómo destruirnos y extirparnos, para que continúe y se mantenga su voluntad y su plan! Contra esto, un cristiano o dos, con sólo este artículo, serán nuestra muralla para que contra ella arremetan [70] y fracasen. Nos consolamos e insistimos en que la voluntad y el propósito del diablo y de todos nuestros enemigos tengan que perecer y deshacerse, aunque piensen estar orgullosos, seguros y poderosos.183 Si no se quebrantara y coartara su voluntad, el reino de Dios no podría permanecer en la tierra ni santificarse su nombre.
179. Wie im Himmel, also auch auf Erden (como en el cielo, así también en la tierra).
180. En el original: Dass er uns regiere, aus des Teufels gewalt erlöset. W. Metzger, ed. de Calw, I, 117: «nachdem wir aus des Teufels Gewalt erlöst sind» (una vez que hemos sido librados del poder del diablo). Libro de Concordia en alemán, de 1580: Dass er uns … aus des Teufels Gewalt erlöse. Texto lat.: qui nos regat, e diaboli potestate liberet.
181. Denn niemand gläubt, wie … La ed. española de las Obras de M. Lutero traduce: «Nadie cree que el diablo … », vol. V, p. 119. Mejor:«Nadie cree cómo el diablo se opone … ». Texto lat.: Nemo enim facile credit, quam … («Pues nadie cree fácilmente como … »).
182. Respecto de los ángeles del diablo cf. Mt. 25:41.
183. Wie stolz, sicher und gewaltig sie sich wissen. «Wissen» tiene aquí el significado de «dünken», creerse: «Por más encumbrados, seguros y poderosos que ellos se crean».