Libro de Concordia
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El Catecismo Mayor Tercera Parte: El Padrenuestro Índice
El Catecismo Mayor
Tercera Parte: El Padrenuestro

La Sexta Petición

«No nos dejes caer en la tentación» 190 [99]

Hemos oído bastante de cuánto trabajo y fatiga se necesitan para retener [100] todo lo que se pide y perseverar en ello, lo cual, no obstante, no se realiza sin fallas y tropiezos. Además, aunque recibamos el perdón y una buena conciencia y seamos del todo absueltos, la vida está hecha de tal modo que hoy está alguien de pie y mañana caerá. Por ello, aunque seamos justificados y nos presentemos191 con una buena conciencia ante Dios, nuevamente tenemos que pedir para que no nos deje recaer y ceder a la tribulación o tentación.192 Empero, la tentación—Bekörunge193 (como nuestros sajones la [101] denominan desde antiguo)—es triple: De la carne, del mundo y del diablo. En la carne habitamos y arrastramos con nosotros al viejo Adán, quien se [102] mueve y diariamente nos excita a la impudicia, pereza, gula y borrachera, avaricia y fraude, y a engañar y aprovecharse del prójimo. En resumen, a toda clase de concupiscencias malas, ínsitas en nosotros por naturaleza, que se despiertan por la compañía con otros, por el ejemplo, el oír y ver, y que también a menudo hieren e inflaman un corazón inocente. Además, ahí está [103] el mundo que nos injuria con palabras y obras y nos impele a la cólera y a la impaciencia. En suma, allí hay sólo odio y envidia, enemistad, violencia e injusticia, deslealtad, venganza, maldición, injuria, maledicencia, altanería y soberbia con adornos superfluos, como son: El honor, la gloria y el poder. Nadie quiere ser el último, sino sentarse en la cabecera de la mesa para que todos lo vean. A esto se agrega que viene el diablo, azuza y provoca por todas [104] partes. Pero, principalmente se dedica a lo que concierne a la conciencia y a las cosas espirituales, es decir, que se arroje y se desprecie tanto la palabra como la obra de Dios. Así trata de arrancarnos de la fe, de la esperanza y de la caridad, de llevarnos a la superstición,194 falsa arrogancia y obstinación o, por otra parte, a la desesperación, a la renegación y blasfemación de Dios y a otras innumerables cosas aborrecibles. Son las sogas y redes,195 o más bien, los verdaderos «dardos de fuego» (Ef. 6:16) lanzados al corazón no por la carne y la sangre, sino por el diablo en la forma más ponzoñosa.

[105] En todo caso, son grandes y graves peligros y tentaciones,196 aun cuan do cada una de ellas existiese aisladamente, y las ha de soportar todo cristiano para que seamos impulsados siempre a invocar y pedir a toda hora, mientras estemos en esta vida infame donde de todas partes nos acosan, persiguen y oprimen, para que Dios no permita que desfallezcamos y nos cansemos y volvamos a caer en pecado, desadoro o incredulidad. De otra manera no es posible vencer ni la más mínima tentación.

[106] Esto significa «no inducir en tentación», si él nos da fuerza y poder de resistir, sin que la tentación se quite o se anule. Nadie puede evitar la tentación y la incitación, mientras que vivamos en la carne y tengamos al diablo alrededor de nosotros. No se puede cambiar, tenemos que soportar la tentación y hasta estar metidos en ella. Pero, pedimos para no caer ni ahogarnos en ella. [107] Por lo tanto, es muy distinto sentir tentación y, por otra parte, acceder y dar nuestro asentimiento. Todos tenemos que sentirla, aunque no todos de la misma manera. Algunos la sentirán más y con más fuerza: La juventud, principalmente por la carne; después, la edad madura y la ancianidad, por el mundo; mas los otros que se dedican a cosas espirituales, es decir, los cristianos [108] fuertes, por el diablo. Sin embargo, este sentimiento no puede dañar a nadie, mientras que se presenta contra nuestra voluntad y preferiríamos estar libres de él. Si no lo sintiésemos, no podría llamarse tentación. Pero, consentir significa que uno afloja las riendas y no resiste ni ora.

[109] Por esta causa nosotros los cristianos debemos estar preparados y siempre prestos para ser tentados continuamente a fin de que nadie ande tan seguro y despreocupado, como si el diablo estuviese lejos de nosotros. Al contrario, en todas partes hemos de estar dispuestos a esperar golpes y a atajarlos. Si ahora estoy casto, paciente y amable y en firme fe, puede ser que en esta197 misma hora el diablo clavará una saeta en mi corazón, de modo que apenas pueda mantenerme. Porque es un enemigo tal, que jamás se retira ni se cansa. Cuando [110] una tentación termina, surgen siempre otras nuevas. Por lo tanto, no hay más consejo, ni consuelo que acudir y tomar el Padrenuestro y de corazón hablar a Dios: «Amado Padre, tú me mandaste orar; no me dejes recaer por la tentación». De esta manera verás que la tentación cesará y se dará por vencida. En cambio, si intentas ayudarte con tus pensamientos y tus propios consejos, [111] lo empeorarás y le darás más oportunidad al diablo, pues tiene cabeza de víbora, que cuando halla un agujero donde introducirse, todo el cuerpo pasa después sin dificultad. Pero la oración puede oponérsele y repelerlo.

190. Vid. Catecismo Menor, Padrenuestro, sección 17.

191. Fromm. Lat.: iam probitatem et justitiam consecutos («que ya viven en probidad y justicia»). W. Metzger, op.cit., p. 125: «rechtschaffen» (honrado, probo, íntegro).

192. Der Anfechtung oder Versuchunge. Texto lat.: tentationum impugnationibus. Para Lutero, Versuchung y Anfechtung son términos intercambiables. Vid. Cat. Mayor, secc. 106, y secc. 105, nota 196.

193. El Libro de Concordia en latín de 1584 dice: … seu (ut Saxones nostri jam olim locu ti sunt) conversio («o como nuestros sajones solían decir ya antes conversión»). El traductor entendió, erróneamente, que Bekörung es Bekehrung, conversión. Grimm (Deutsches Wörterbuch) registra Bekörung como término del alto alemán medio. BSLK observa que la palabra korunga o bikorunga ya aparece en traducciones del Padrenuestro al alto alemán antiguo, y sigue siendo usual en el bajo alemán de nuestros días. J. T. Müller (Die symbolischen Bücher der ev-.lutherischen Kirche, p. 857) cita la sexta petición del Padrenuestro del siglo XII: Vnde daz iht unsih innerleittes de in die bechorunge. Lutero considera que la palabra es «un excelente alemán antiguo», WA XXX I 106, 16. «Sajones» son para Lutero de la Baja Sajonia. En el siglo XVI se hablaba en Wittenberg el bajo alemán. Una nota en W. Metzger (ed. de Calw, p. 126) traduce Bekörunge con «Verlockung» = seducción. A. Götze, Glossar:«Versuchung» = tentación.

194. Missglaube. Cf. A. Gótze, Glossar. Texto lat.: superstitio. W. Metzger, op.cit., p. 126: «Unglaube».

195. Cf. p.ej. 1 Ti. 3:7.

196. Anfechtung. Texto lat.: tentationum impugnationes. Embestida, ansiedad, perturbación e incertidumbre del alma, provocación, tribulación. Situación en que la fe está en pugna con la duda. Vid. Catecismo Mayor, Sacramento del Altar, sección 23, nota 240.

197. Soll, en sentido de kann. Texto lat.: fieri potest = puede ser que ….